Una forma de vida. Son amigos de siempre, socios de una empresa de decoración y, además, rastafaris, de los pocos que hay en A Coruña. Miguel Vázquez Couzo es florista-rasta, y Jorge Pérez López, carpintero-rasta. «Es algo que tiene que ver con la vida», me dicen a la hora del aperitivo en uno de los muchos locales de hostelería de la ciudad en los que trabajaron, tanto en la madera como en la decoración «Este mueble -señala uno que hace esquina- tiene la calidad espiritual de lo bien hecho. Es nuestra manera de trabajar», comentan emocionados. Ponen buen cara a mis preguntas, pero tuercen la boca que asoma entre sus pobladas barbas cuando saco a colación lo que siempre se asocia al movimiento rastafari, en especial la marihuana. «Son estereotipos y los rechazamos totalmente. Es algo más profundo. Rasta es lo perfecto. Cada uno es su propia vida y por encima de nosotros solo está la energía universal. La única jerarquía es la del que más sabe, el que mejor trabaja», reflexionan. El ritmo vital. Escucho tan alucinado como interesado. Cuesta asociar el aspecto de Miguel y Jorge con el mundo de la carpintería y las flores. Estos van al programa de televisión Identity y arrasan. Como es lógico, les gusta el reggae, que ellos denominan como «el ritmo vital», y cuando terminan de restaurar muebles y metales o crear una composición floral, tocan en la banda Pinnacle, que toma el nombre de la montaña de Jamaica donde se formó en los años 30 la primera comunidad rastafari. Se expresan de manera culta y se preocupan por encontrar la palabra que refleje con exactitud lo que quieren decir. «Es el gusto por el conocimiento. La educación es lo único que puede cambiar el mundo», destacan. Antes de marcharse a su empresa, Artello, me apuntan tres máximas: ni se engaña, ni se roba, ni se miente. «Tratamos de ser nobles», sentencian.
En la foto cuesta reconocerlo, pero es el caballero de pelo blanco que está sentado en el centro de la mesa al lado de una figura de un animal. «Le regalamos un puma de plata porque muchos le llamamos siempre así, Puma », comenta Pablo Gallego , uno de los impulsores del homenaje al camarero Pepe Rodríguez , al que también conocen como el Canas . «Trabajé muchos años en Don Pepe y con Mosquera en el Chaston», recuerda este profesional que pasó media vida al otro lado de la barra. En la parte más dura. Ahí tienen a los muchos amigos que quisieron despedir al camarero de siempre.
En concreto, en la travesía de Pastoriza, tuvo lugar la fiesta de apertura de un establecimiento del Grupo Segurit, que se dedica al mundo de las cajas fuertes y sistemas de seguridad. «Además presentamos Cash Guard, un modelo de una multinacional que sirve para la gestión del dinero en efectivo de un establecimiento y, entre muchas ventajas, evita que haya hurtos», explica José Ulloa , gerente de la zona norte de España. A la puesta de largo asistieron el presidente sueco de la compañía, el inventor de la máquina y hasta un reportero del citado país.
Horacio Mosquera
, propietario de la vinatería La Estancia, me envió copia de la carta de agradecimiento que le remitieron desde la Cocina Económica con motivo del nada despreciable donativo de 1.835 euros que hicieron días pasados. El establecimiento hostelero celebró el 19 de diciembre una fiesta navideña que incluyó una divertida tómbola benéfica para recaudar fondos para la institución que preside Fernando Suárez .
La de los trabajadores del hotel NH Atlántico, que quisieron colaborar con la institución benéfico social Padre Rubinos para que durante las pasadas fiestas los más necesitados tuviesen alguna alegría. La plantilla donó 50 kilos de alimentos y algunos juguetes. La citada entidad desarrolla su labor en tres grandes áreas: la residencia de ancianos, la escuela infantil y el albergue de transeúntes.
Me hubiese gustado ofrecerles la foto del grupo de ex alumnos de los maristas que acabaron sus estudios en 1997 y que decidieron juntarse diez años después. Lo que sucede es que, por más que lo intentó, Gonzalo Mora do Campo , uno de los organizadores, no consiguió una imagen nítida del feliz reencuentro. Me cuenta que montó un blog y creó una cuenta de correo electrónico para ir contactando con los ex compañeros y que, aunque resultó complicado, «mereció la pena», dice ilusionado. Se compromete a que como máximo dentro de cinco años organiza otra y yo espero que de aquí a allá alguno de los comensales haga un curso de fotografía digital.