Rimas que le cantan al amor

A CORUÑA

El amor, el gran combustible de la música pop. El 80% de las canciones hablan de él, pero en su mayoría lo hacen desde la perspectiva de la pérdida o del deseo, como si el hecho de no poderlo aprehender, lo sublimara. Incluso en grupos donde sus miembros son parejas felices, se insiste en esa estética imperfecta de corazones rotos. Conclusión: venden más las lágrimas y los suspiros que las sonrisas y las miradas cómplices.

No es el caso de los catalanes Facto Delafé y las Flores Azules, un delicioso trío catalán emperrados en llevar la contraria a todo lo antedicho. Óscar D'Aniello, su vocalista lo explica: «Empecé a escribir hace 6 años, tras vivir una temporada en Londres. Allí descubrí el soul y la música reggae, estilos en los que se usa el amor en presente y de un modo muy positivo. Antes, escuchaba a Tindersticks o Pulp, bandas que tratan el amor de un modo muy dramático o irónico. Al descubrir el soul cambió mi manera de ver las cosas»

Marc Barrachina, encargado de las bases y la producción, y la vocalista Helena Miquel completan la nómina de esta formación, una de las más frescas que ha deparado el último pop nacional. Así lo como atestiguan sus álbumes editados hasta la fecha, El monstruo de las Ramblas y La luz de la mañana, dos joyas que ensalzan el costumbrismo sentimental de lo cotidiano.

«Se trata de mitificar pequeños momentos y convertirlos en algo grande. Es celebrar cosas como que, por ejemplo, es domingo y comemos verdura», comenta D'Aniello que admite poner cierta distancia, para que aquello no se convierta en una exhibición impúdica de su intimidad como pareja. «Lo intentamos desmitificar. No queremos que las canciones o los vídeos sean la puesta en escena una teatral de nuestras vidas».

Sonido insólito

Indie pop con rimas, hip-pop o hiptrónica han sido algunas de las etiquetas empleadas por la crítica para capturar el sonido de Facto Delafé y las Flores Azules. «Hacemos soul, música que nos sale del alma», afirma el cantante. De todos modos, cabe advertir a los puristas: su soul nada tiene que ver con una interpretación tradicional a pleno pulmón. «Ya me gustaría a mí tener la voz de Otis Redding», se ríe.

La fuerza de la música negra se trasladará hoy al escenario, en un directo que conciben como una celebración. «Sí, totalmente, a mí como espectador me gustan esos conciertos en los que sales feliz y dices !Qué suerte haber venido! Me atrae mucho más eso que ver a un cantautor que parece que se vaya a morir al día siguiente».