Gallinas piñeiras y de Mos comparten granja en Abegondo

Luci Garcés

A CORUÑA

La Xunta facilita ejemplares de un día, con instrucciones para su crianza, para la expansión de las gallináceas gallegas

25 oct 2007 . Actualizado a las 12:13 h.

Criar gallinas piñeiras es una especie de galardón, porque se entregan a personas que quieran criarlas siguiendo las instrucciones para mantener la raza pura y estén dispuestas a expandirlas en Galicia.

«Desde hace más de veinte años deseaba tener gallinas, criarlas», afirma rotundamente Nuria Iglesias González. Un deseo poco común para alguien de ciudad (nacida en la Ciudad Jardín, en A Coruña), pero, fiel a él, orientó su trabajo hacia donde podía aprender cosas del campo y trabaja en el Centro de Investigaciones Agrarias de Mabegondo, y se instaló en Abegondo hace unos ocho años, y en este municipio es concejala del BNG y responsable de Medio Ambiente y Medio Rural.

Nuria Iglesias criaba, en principio, la gallina de Mos procedente de Fontefiz, en Ourense, donde está el Centro de Recuperación de Recursos Zoogenéticos, donde la Xunta esta recuperando especies autóctonas, cuyas cría subvenciona. La gallina de Mos fue reconocida como autóctona y pertenece a las denominadas pesadas porque alcanzan un importante peso, de ahí que sean las que se usan para lograr los capones de Vilalba.

En el lado opuesto está la gallina piñeira, conocida ahora por los trabajos que durante una década realizaron el veterinario Jesús García Rodríguez y la fundación Acivega (Asociación para el Avance Científico de la Veterinaria en Galicia), dependiente del Colegio Oficial de Veterinarios. La piñeira es una raza ligera, que aún conserva la posibilidad de volar y que según los veterinarios tiene «un sabor intermedio entre el pollo y la caza y un color más oscuro que el normal del pollo», mientras que algunas personas que asistieron a la comida en la que fue plato principal y secundario afirman que sabe a faisán.

Para criar estas dos razas autóctonas se debe pertenecer a la asociación de criadores. La Xunta concede 20 pollitos de un día, a los que hay que criar en principio bajo lámpara, y respetando una serie de condiciones, entre ellas la de no realizar cruces con otras razas. Algunos asociados tienen facilidades para conseguir gallinas adultas seleccionadas porque de lo que se trata en principio es de mejorar la raza.

«Como estaba interesada en la crianza de piñeiras y ya tenía la de Mos, me concedieron diez pollitos de un día, y aquí están creciendo», afirma Nuria Iglesias, que añade que en ese trabajo «nos tienen que ayudar en la selección de las mejores».