Justo donde choca la ronda de Nelle con la avenida de Finisterre hay una pequeña calle llamada Nebrija en la que uno no sabe por qué continente camina. Decenas de senegaleses han encontrado su lugar en una vía que tiene forma de codo y de unos meses a esta parte ha visto como en muchos de sus pisos se asentaban familias enteras de inmigrantes africanos. Pero no sólo viven. También se reúnen y rezan. En un bajo han abierto la Casa de Senegal y en otro la única mezquita de la ciudad, bautizada como De la paz. ¿Cómo se lo han tomado los residentes de toda la vida? «Maravillosamente», define la convivencia Carmen Díaz, vecina de puerta con puerta con una familia africana. Igual de bien suenan las palabras de la propietaria del bar: «Son personas excelentes y educadísimas».
El cariño es recíproco. Younousse cuenta que su esposa está «feliz», que los vecinos «se portan muy bien». Explica agradecido que «a Maruja le gusta mucho» jugar con nuestros hijos y «siempre se queda con ellos cuando nosotros no podemos». Dice que los coruñeses son personas «muy amables» y que en el barrio «se preocupan por nuestros problemas».
Efecto llamada
Son esas cosas las que han provocado el efecto llamada de la calle Nebrija. «Primero venimos a vivir dos familias. Luego han ido llegando más. Unos hablamos con otros y al enterarnos de que alguien alquila un piso, se lo decimos a un compatriota», explica Vieux Diop.
Ass es uno de los senegaleses que viven en este barrio a camino entre Los Puentes y el Agra. Es un hombre que lleva años en la ciudad y junto a otros compatriotas, cansados de los desplazamientos a la mezquita de Arteixo para orar, decidieron abrir su propio templo bajo sus casas. Euro a euro sumaron lo necesario para alquilar un bajo de doscientos metros cuadrados, adecentarlo y abrirlo a todos los musulmanes que haya en A Coruña. La mezquita apenas está situada a 15 metros de la Casa de Senegal en Galicia.
Pequeña embajada
Por la Casa de Senegal, ubicada junto al pub Coventry -el más antiguo de la ciudad en funcionamiento-, pasan a diario decenas de senegaleses. El centro se ha convertido en una pequeña embajada que arropa a todo cuanto compatriota llegue a la ciudad y no se olvida de los que quedaron en su país, pues los socios intentan enviar ayudas con las pequeñas aportaciones. «Los senegaleses no nos olvidamos de nuestras familias y de nuestro país. Allí, con lo poco que podamos enviar, solucionamos muchos problemas».
La colonia senegalesa en A Coruña sólo es superada por la marroquí. Según el último censo, los inmigrantes del país subsahariano suponen el 2,8% del total de extranjeros y, oficialmente, hay 180. Pero esa cifra está muy desinflada. Es probable, según explica Cheikh Diop, «que seamos cerca de mil senegaleses, pues muchos no están censados. La mayoría no tiene papeles».