«El 'Gondiez' es mi peor recuerdo»

A CORUÑA

Pedro Tasende lleva un cuarto de siglo siendo el farero de la torre de Hércules y espera que la declaren patrimonio de la humanidad «cuanto antes»

14 oct 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

Volvieron a quedarse solos la Torre y él, como cientos, quizá miles de noches durante los últimos 25 años. Durante la tarde del pasado jueves decenas de personas acudieron a la base de la torre de Hércules para celebrar su elección como aspirante a patrimonio de la humanidad. Cerca de las once de la noche sólo Pedro Tasende seguía allí, vigilante, afable («¿Queréis tomar algo»?), buen conversador y, sobre todo, conocedor de cada uno de los rincones del faro. «Vamos encender las luces de la escalera, pero aquí no tenéis nada de interés». Estando en la entrada pasa corriendo un tipo que hace footing. «Estas puertas pesan 800 kilos cada una», explica, mientras tres quinceañeros salen de la parte de atrás del faro con pinta de ir de botellón. «Aquí ahora ya no viene nadie al botellón», apunta Tasende en el inicio de la subida.

Sube peldaño a peldaño mientras apunta pequeñas historias del faro, como que no le gustó que cambiaran el pasamanos de piedra por el actual, el acierto de las ventanas que parecen cuadros mostrando el exterior o, con el eco de la cúpula de Giannini, cómo el GPS ha cambiado los sistemas de navegación, aunque algunos países siguen manteniendo los tradicionales y a Estados Unidos «no le gusta nada que se ponga en marcha el Galileo porque así pierden el monopolio».

En ese espacio mítico de la linterna del faro, donde nace su luz, Tasende explica cada detalle del funcionamiento y muestra su habilidad para que otros puedan mostrarlo: «Cuando vienen con las cámaras de televisión la dejan aquí y como esto va girando tienen unas imágenes preciosas; los primeros que lo hicieron fueron unos noruegos y ahora cuando vienen otros ya les digo que pueden hacerlo». El cristal de esta linterna quedó negra con la humareda del incendio del Mar Egeo; fue una de las imágenes más impactantes del faro en los últimos años. Pero para Pedro Tasende ese no fue el momento más duro del cuarto de siglo que lleva en la Torre: «Lo peor de todos estos años fue el hundimiento del Gondiez, con los gritos de los marineros que se estaban ahogando; avisamos al helicóptero, podía tardar media hora y eso era una eternidad cuando estás escuchando esos gritos». En la bajada, Pedro mira hacia la Pedra do Boi donde el 9 de abril de 1991, alrededor de la medianoche, el Gondiez I, un pesquero de Burela se hundió en unos minutos. Los diez tripulantes murieron. En esta medianoche, alumbrada cada 20 segundos por los rayos del bimilenario faro, Tasende apunta que la Torre debe ser patrimonio de la humanidad «cuanto antes».