La atascada salida de A Coruña

A CORUÑA

Tener una hora para comer y regalarle 45 minutos a un atasco es una puñeta. Pues así es la digestión de miles de personas que trabajan en A Coruña y viven en el área metropolitana. La culpa la tienen los accesos, que están que revientan a las horas punta. Los municipios engordaron su censo proporcionalmente a lo que adelgazaron sus carreteras. Un ejemplo que pone los pelos como escarpias se aprecia entre A Coruña y Vilaboa. La N-550 es igual de ancha que en tiempos de la República. Ahora circulan miles, lo que supone que un trayecto de diez kilómetros ocupe media hora de tiempo si se hace entre las dos y las tres de la tarde o de ocho a nueve de la noche. Y como todo puede ser todavía peor, es más que probable que uno se encuentre con un accidente en el camino -raro es el día que no se produce una colisión entre Alfonso Molina y Alvedro-.

La salida de A Coruña hacia Alvedro es un embudo en los 8 kilómetros que separan la urbe de Vilaboa. Al hecho de ser el único camino al aeropuerto, se une su condición de nudo viario en la confluencia de las zonas con mayor dinamismo demográfico del área metropolitana: O Burgo, Culleredo y Cambre. En hora punta, cubrir los 10 kilómetros entre A Coruña y Alvedro requiere hasta 30 minutos al volante. Dicen que la solución estará en la tercera ronda y en una conexión del aeropuerto con la AP-9.

Recorrido

Ha costado mucho que las autoridades moviesen el trasero. Mientras, el que no se mueve es el de los conductores. Se ha visto ayer, en un recorrido que partió a las dos de la tarde de la plaza de Orense y concluyó 29 minutos después en Alvedro.

Desde Linares Rivas a la zona de los Nuevos Juzgados, el tráfico en la avenida de Alfonso Molina corre fluido, aunque intenso. Pero al llegar a la altura de la fuente de las Pajaritas es como si surgiese de la nada una gigantesca señal de stop. A partir de ahí, el trayecto es de la piel del diablo. Lavedra está colapsada, los coches circulan a trompicones. Pero si se piensa que el flagelo concluye a la altura de la Coca Cola se equivoca. Lo peor está por llegar, y es el desvío de Palavea hacia Vilaboa, a la altura de Alcampo.

Carril de acceso

El tapón es tal que debiera tomarse la precaución de llevar en el coche una tarta por si el cumpleaños le coge a uno en el atasco. Los usuarios de esta vía creen que la obligatoriedad de acceder al carril de Vilaboa a la altura de la gasolinera, medida impuesta hace unas semanas, mejoró la circulación.

Pero no lo suficiente. El centro de Menores de Palavea dista 900 metros de O Portazgo. Hacerlo en coche en hora punta es cuestión de diez minutos. Es como un cólico de riñón.

Pasado O Portazgo aparece Vilaboa. Un único carril de circulación con diez semáforos para dar servicio al aeropuerto, Cambre, Carral o Culleredo.

Al fin Alvedro, media hora después de comenzar el viaje, allá en la plaza de Orense. Todavía queda la vuelta. Hay que evitar hacerlo a primera hora de la mañana, al mediodía y a partir de las seis de la tarde. Así es Culleredo, un lugar de 26.000 habitantes a ambos lados de los atascos.