Párkings llenos, buses saturados y ofertas publicitarias en el primer día de clases
02 oct 2007 . Actualizado a las 02:00 h.«Esto es como el cole. Ya se echaba de menos a los amigos», comenta Paloma Ramos. Está, junto a un grupo de compañeras de la doble licenciatura de Derecho-ADE, en el hall de la facultad con los papeles de las matrículas y las primeras noticias de las clases que ayer se inauguraban. «El primer día cuesta pero, bueno, se coge el ritmo pronto». Falta le va a hacer, puesto que se ha matriculado de diez asignaturas del segundo curso y aspira a sacarlas todas. «El año pasado las saqué bien, así que espero que este ocurra lo mismo», confiesa-
Una de sus compañeras, Alba Pernas, comenta que no hay tiempo que perder. «La primera semana se puede descansar -comentaba-, pero luego hay que ponerse las pilas, porque en esta carrera hay mucho que estudiar». Ello no le impide divisar otro de los grandes acontecimientos del curso universitario: la primera salida del curso. «Sí, este jueves habrá el primer gran botellón -anuncia-. Hay que salir como sea, porque el viernes no hay clase».
Multitud de ofertas
Desde modernos flyers plásticos de inauguraciones de tiendas de ropa a octavillas fotocopiadas de librerías con material docente, pasando por revistas solidarias. Es difícil pasar por Elviña sin ser objeto de algún tipo de oferta. Junto a las fechas de exámenes, estos son los días que más muchachos albergan las facultades. Los aparcamientos a rebosar de coches lo atestiguan nada más llegar. Dentro, los pasillos abarrotados lo confirman.
«Esta revista es de actualidad política y temas sociales. Cuesta 80 céntimos», comenta una chica en la puerta de la facultad de Informática. El listado completo de los libros de la licenciatura de Derecho se ofrece en la puerta de su correspondiente facultad. Y, cómo no, los anuncios de las fiestas universitarias para el próximo miércoles y jueves ya pueblan las paredes.
«El jueves seguramente saldré», comenta Noelia Tenreiro, que cursa tercero de Educación Infantil. Ella es una de las sufridas residentes del área metropolitana que hoy tuvo que darse un madrugón. «Vivo en Oleiros. Tengo que ir y venir en autobús todos los días, y hoy ya me di cuenta de lo que me queda: esperas y caravanas hasta que me canse», comenta con resignación.