Los infantes de la repostería

A CORUÑA

El Centro de Estudios Hosteleros acogió un cursillo en el que 12 niños aprendieron a preparar magdalenas, galletas y bombones

12 sep 2007 . Actualizado a las 11:14 h.

«Esto es como si fuera plastilina, vosotros hacéis la forma que queráis y, luego, va todo al horno». De este modo uno de los alumnos del módulo de cocina del Centro de Estudios Hosteleros ilustraba a un pequeño con un minúsculo delantal sobre cómo debían hacer las galletas. El profesor Carlos Cordero supervisaba todos los movimientos y los niños se lo pasaban en grande dándole forma las galletas con todo tipo de moldes.

Uno de ellos es Dylan, un rubio polaco de poco más de 5 años. Su madre, Danka Pazdan, realiza el curso y parece haberle descubierto su vocación. «Me gustaría ser cocinero», comenta mientras ofrece las galletas de chocolate de la primera hornada.

Al rato, los ocasionales alumnos son reclamados. Toca ahora hacer bombones y, en medio de la elaboración, pocos son los que se resisten a ir haciendo pequeñas pruebas. Dylan y su hermano Patryk dibujan sendos bigotes en su cara. Noemí, la hija de Beatriz Martínez, otra de las alumnas del curso, también parece disfrutar, aunque no ve en ello su futuro: «A mí me gusta cocinar, pero de mayor lo que quiero es ser veterinaria», asegura la pequeña.

Aprender desde niños

«La base de la alimentación infantil está cambiando para peor», afirma Carlos Cordero, que ve en este tipo de iniciativas una manera de cambiar la mentalidad de los niños de cara a su relación con los alimentos. «Queremos enseñarles que se pueden hacer cosas buenas, que contribuyen a una buena alimentación y que no llevan mucho tiempo. En eso son los padres los que deben mentalizarlos», concluye.

Mientras tanto, los bombones se enfrían en la nevera, y empieza la preparación de magdalenas. Isai, de 9 años, dice que éstas son las que más le gustan. Eso sí, no es nuevo en la cocina: «Ya había hecho pan y tartas con mi abuela. Me gusta, pero no tengo mucho tiempo porque tengo que estudiar».

Una vez finalizada la sesión, toca la limpieza. «Friegan más que vosotros», recrimina bromeando el profesor a sus alumnos. Quién sabe si, en unos años, no tendrá a su cargo a estos pequeños cocineros.