Henkel redujo la actividad de la factoría a sólo cuatro líneas de producción de crema dental. Veinticinco trabajadores ya abandonaron la empresa. Otros 122 esperan
30 ago 2007 . Actualizado a las 02:00 h.El cierre de la fábrica de La Toja se acerca. Veinticinco trabajadores ya abandonaron esta empresa, que adquirió en 1992 Henkel. Se prejubilaron o encontraron otro puesto fuera de este recinto situado en el concello de Culleredo. En septiembre lo harán más, aunque su número, por ahora, se desconoce, pero ya no sorprende. Es un hecho que parecen tener asimilado muchos de los que llevan casi una vida trabajando en esta planta cosmética. Son salidas escalonadas, pero no por ello menos traumáticas. Los geles de esta marca ya no llevarán la denominación de origen de A Coruña. Ya no se fabrican. Las dos líneas de esta factoría han dejado de producir y la actividad se reduce ahora a cremas dentales, pero será por poco tiempo. El comité de empresa ya baraja fechas. En treinta días, ya no saldrá un producto más desde La Toja. Un paso más para el cierre definitivo de esta planta, previsto para el mes de diciembre. Un cierre que no está motivado por falta de mercado o rentabilidad, sino por ahorrar costes. Los productos de La Toja se seguirán fabricando, pero en el extranjero, lejos de donde proceden, lejos del lugar que dio nombre a su marca. Ya no tendrán ningún referente gallego. Serán geles, jabones, cremas y sales minerales alemanas y eslovenas. Estos dos países absorberán la producción de la fábrica de Culleredo. Esperanzas Los trabajadores tienen pocas esperanzas a las que agarrarse. Una de ellas está en la reunión que celebrarán, en las próximas semanas en Barcelona, representantes de un grupo inversor gallego y de la multinacional Schwarzkopf & Henkel Production Europe para negociar la compra de los terrenos en los que se asienta esta fábrica. 72.000 metros cuadrados, que son un goloso plato en la mesa de negociación. La ubicación de esta planta es estratégica. Tiene a pocos kilómetros un aeropuerto y las conexiones a la AP-9 y la A-6 están muy próximas. Enfrente de su puerta principal se encuentra un polígono industrial con todos los equipamientos. Fuentes del comité de empresa esperan que estas negociaciones fructifiquen, aunque son conscientes de que no garantizarán trabajo para la actual plantilla. Los cálculos son claros. La crisis comenzó en enero del pasado año con un cuadro de personal conformado por 153 empleados. Se han prejubilado o lo harán en los próximos meses 53, tal y como se acordó con la dirección de la empresa. Otros, unos doce por ahora, lograron recolocarse en un mercado saturado y muy competitivo. Otros 88 ya ven muy cerca las oficinas del paro y permanecen a la expectativa en busca de soluciones para un futuro laboral incierto. Las cifras más optimistas llevarían a entre 30 y 40 de ellos a la nueva empresa que se crearía si fructifican las negociaciones entre este grupo de capital gallego y la multinacional. Pero hay otras novias de nombres desconocidos para los representantes sindicales. Los trabajadores tampoco se olvidan de las promesas de las administraciones y exigen, tanto al alcalde de Culleredo, Julio Sacristán, como a la Xunta, que cumplan sus compromisos de mediar y busquen soluciones a un nuevo cierre industrial en la comarca coruñesa. El final del verano dará paso al último otoño en la fábrica de La Toja. En el comité de empresa creen que los trabajadores cobrarán su finiquito en octubre o noviembre y la fábrica cerrará definitivamente sus puertas antes de la fecha prevista en diciembre, tras 27 años de actividad ininterrumpida. En las negociaciones con la dirección de Henkel está la contratación de una empresa para la recolocación del cuadro de personal, además de estar dispuesta a pagar 60 días por año trabajado. Son condiciones que no convencen a los representantes del comité de empresa, que buscarán fórmulas de presión para intentar revertir un proceso de desmantelamiento de una fábrica rentable, pero no lo suficiente para un mercado globalizado.