El célebre escritor y político coruñés escribió?regularmente en el periódico entre los años 1970 y 1977
29 jul 2007 . Actualizado a las 02:00 h.A CORUÑA | Conseguida, en los años sesenta, por Isabel Martínez-Barbeito la donación del archivo y biblioteca personal de Salvador de Madariaga al Instituto José Cornide de Estudios Coruñeses, quedaba por lograr que el ilustre polígrafo escribiese en algún periódico gallego. Ello se hizo realidad gracias a Francisco Pillado, director de La Voz, persona de talante liberal y muy del gusto del antifranquista, que seguía exiliado en Oxford.
Pillado consiguió de la Agencia Latinoamericana de Prensa la autorización para publicar en La Voz las colaboraciones de Madariaga que se enviaban a importantes periódicos americanos. Desde primeros de 1970 comienzan a aparecer en el periódico, bajo el título genérico de Problemas de nuestro tiempo. En uno, de 9 de abril, Las potencias impotentes, se comentaba: «Se hace indispensable y urgente educar a la opinión pública para que se dé cuenta de que no basta el tamaño para la grandeza y de que ni uno ni otro justifican privilegios ni 'derechos' en detrimento de los menos fuertes».
En la mayor parte de los artículos se trataban temas de política internacional, pues, obviamente, la dictadura franquista no permitía que se criticase su régimen político, máxime con Madariaga, que ya se había hecho famoso en 1943 cuando, desde su exilio británico, había escrito una carta abierta, titulada ¡General Franco, márchese usted!, que se hizo famosa, igual que el libro Sanco Panco, una feroz sátira sobre la figura del Generalísimo, al que comparaba con Sancho Panza.
El 8 de octubre de 1970 dedicaría su artículo a los 25 años de la Organización de Naciones Unidas (ONU). «Edad notable para cualquier institución -escribió-, asombrosa para una asociación mundial de Estados. Y, sin embargo, el evento se hace constar en acta, pero no se celebra ni con gozo ni con ufanía».
A finales de 1972 comentaba los referendos de Noruega y Dinamarca sobre la entrada en el Mercado Común y la crisis del Partido Laborista Inglés. Escribió sobre este último: «Es un bloque heterogéneo de varios materiales: una multitud de obreros manuales, un fermento de dirigentes sindicales, otrora obreros manuales y hoy aburguesados, y una minoría de burgueses, muchos universitarios, que han adoptado los intereses de la clase a la que no pertenecen».
Europa
Ya en 1973, apuntó en el artículo Europa, racimo de naciones: «Dije hace años en Atenas, y repetí en París, que la unión de Europa no era la de una manzana ni aún la de una naranja, sino la de un racimo de uvas. Europa se compone de naciones cuya diversidad histórica no tiene rival en el mundo. Estas naciones tendrán que readaptar sus relaciones a los tiempos; pero claro es que subsistirán en su independencia como en su dependencia: y, hoy más, tendrán que aplicarse a velar por un sano equilibrio entre estas dos tendencias contradictorias».
Rusia y el comunismo era una de las grandes fijaciones de Salvador de Madariaga. Ya en 1974, señalaba en La Voz: «La política europea de la Unión Soviética ha procurado siempre meter cizaña entre los estados europeos y procurar por todos los medios posibles resquebrajar cualquier unión que viniera a forjarse entre ellos».