Un veterano marinero vende el «Virgen Blanca», uno de los barcos de siempre de la dársena que forma parte del paisaje urbano del centro de A Coruña
23 jun 2007 . Actualizado a las 07:00 h.En primer término los barcos de bajura y al fondo las galerías de la Marina. Es la gran postal de A Coruña. Esa imagen que los que nos visitan se llevan para siempre grabada en la retina y que ha sido fotografiada millones de veces y plasmada en lienzos en infinidad de ocasiones por multitud de artistas. Entre el grupo de barcos que amarran en el corazón de Marineda está el Virgen Blanca, de algo más de 11 metros de eslora, construido en A Costa de Morte, y en cuya cabina hay pegados unos carteles en los que se indica que «se vende». Un trozo de la postal coruñesa está en venta por 15 millones de pesetas (90.000 euros) negociables. «Tiene 25 años. Primero lo bauticé como 18 de diciembre, que es el día en que me casé, pero como la normativa no permite fechas lo cambié por el actual en homenaje a Blanca, una de mis hijas», explica Antonio Treus Outeiral , de 62 años y natural de Escarabote, en Boiro. Un entrañable hombre de mar que empezó a navegar con 13 añitos en A Pobra y que a lo largo de su vida fue al bacalao a Terranova y al Gran Sol hasta que empezó a capturar y pescar pulpos, nécoras, maragotas, pescadillas y fanecas desde Prior a las Sisargas. Una costa que conoce como la palma de su curtida mano. Un sector con problemas Antonio se jubila. Echa el pie a tierra y deja atrás levantarse a las 4 de la mañana para enfrentarse al mar aunque, cuando le pregunto si lo va a echar de menos, noto que los ojos se le ponen vidriosos. «Es la vida», sentencia. Ahí lo tienen, en medio de la postal. «Se está marchando la bajura. Va a pasar como la agricultura. Los políticos estropean todo», reflexiona. Estoy a gusto en el barco. Veo la ciudad de otra forma. Tan cerca, tan lejos. Antes de saltar al pantalán el marinero lanza otra frase que pesco al vuelo. «Lo de las piscifactorías no es comer pescado», sentencia. A los nombres de Rossi y Lorenzo es posible que haya que añadir dentro de unos años el del coruñés Borja Sánchez Torrecillas . Tiene 7 añitos y es capaz de correr en su minimoto a 90 kilómetros por hora y estar siempre entre los primeros en todas las carreras, aunque compita con chavales que en algunos casos tienen 12 años. Fuera de la pista es un niño inquieto que estudia primero de primaria en el Ramón de la Sagra, al que le parece aburridísimo estar con sus padres, Fernando y Ana, y un periodista en una sala. Se lo pasa mejor en pistas de Asturias, León y Galicia en las que monta una moto, de 6,3 caballos de potencia, valorada en unos 2.500 euros y se viste un mono con publicidad de distintas marcas como si fuese un piloto mayor. Los patrocinadores corren con todos los gastos. «Disputamos la Copa Rodamoto, para niños de 7 a 12 años, y Borja es el único coruñés que pasó las pruebas a pesar de que estaba en el límite porque los cumplió en enero. Todos los fines de semana tenemos carrera, el pasado estuvimos en León en la Copa Norte de Velocidad y quedó tercero. En la general, va segundo y es el mas pequeño de todos», apunta papá. Ahí tienen a este campeón en miniatura que empezó a andar en moto con 3 años. «Mi piloto favorito es Lorenzo, por eso le llamo Lorenzo a mi patito», dice Borja. Un crío rápido. Lugares eternos «La idea es mostrar como se va transformando la ciudad», explica Pablo Gallo, que hasta el 13 de julio expone en el Club Financiero. Presenta 24 cuadros en los que en más de la mitad aparecen escenas de A Coruña sin gente. «Me fijé en lugares de toda la vida que están punto de desaparecer como el Avenida o el bar La Nueva pataca», apunta el autor, que también apuesta por unos bodegones en los que los objetos principales son juguetes infantiles.