La jueza no dio credibilidad a la mujer, que cayó en contradicciones y acusaciones falsas El hombre, que se enfrentaba a siete años de cárcel, sólo fue penado con ocho meses
31 ene 2007 . Actualizado a las 06:00 h.El Juzgado de lo Penal número 5 de A Coruña condenó a un hombre a ocho meses de prisión por un delito de malos tratos. La pena, siendo importante, benefició al procesado, pues el fiscal había solicitado para el acusado una condena de siete años de cárcel, al imputarle un delito de maltrato habitual, dos delitos de maltrato en el ámbito familiar, uno de quebrantamiento de medida cautelar, uno de lesiones y una falta de amenazas. Las falsedades de la víctima, que incurrió en contradicciones, obligó a la jueza a reducir sensiblemente el castigo al imputado. El hombre había reconocido en el juicio que sólo una vez en la vida le puso la mano encima a su mujer, y fue «para tranquilizarla, para que dejara de pelearse con nuestro hijo». Todo lo demás, «es mentira», aseguró. Su ex mujer había relatado que sufrió «un calvario» durante los años que duró su matrimonio. Dijo ser víctima de malos tratos «durante toda la vida». Esta mujer, vecina de Lubre, en Bergondo, recordó que el 24 de julio del 2004 su entonces marido la golpeó en un muslo con el mango de una escoba. Dos semanas más tarde, denunció que la abofeteó y le propinó una patada en el costado. También aseguró que el 19 de agosto de ese mismo año su esposo entró por una ventana de la vivienda mientras ella preparaba la cena y comenzó a golpearla por todo el cuerpo hasta que quedó inconsciente. Al día siguiente, según denunció, se presentó en el trabajo del procesado, saliendo a la carrera después de que sus compañeros la amenazasen con atropellarla. Las declaraciones de los testigos que acudieron al juicio, según la sentencia, echa por tierra muchas de las acusaciones de la víctima, una mujer que ya en el 2001 había acusado a una vecina de 57 años por violar a su hijo. El juicio contra esta mujer, en el que se enfrentaba a una pena de 35 años de cárcel, sirvió para echar abajo todas las pruebas en su contra. Tanto los psicólogos, como la Guardia Civil, manifestaron que la denuncia no era creíble, por lo que la procesada quedó libre.