Denuncian continuos envíos de comida a domicilio no pedidos

Pablo Gómez-Pan A CORUÑA

A CORUÑA

IAGO VIANA

Una mujer del Castrillón llegó a recibir seis entregas en tres horas Los empleados de los restaurantes afectados llaman a estos incidentes «pedidos falsos»

26 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

La noche del pasado miércoles llegaron dos milanesas de pollo, una napolitana con patatas y una pizza mediana de cinco ingredientes a una casa de la avenida de Casanova de Eirís, en la que vive María José con su familia. Es la tercera vez que le llega comida sin haberla pedido. «Creo que es francamente molesto, y que además va in crescendo», comentó el día siguiente a la segunda entrega. A su vecina de enfrente le llegaron esa misma noche seis pedidos desde sendos restaurantes con un margen de media hora entre cada uno. Los establecimientos denominan a este tipo de incidentes «pedidos falsos». «Estoy segura de que hay empresas que lo pasan mal», prosiguió la afectada. Desde varios locales de A Coruña que sirven comida a domicilio confirmaron que, en efecto, se envían a menudo pedidos de este tipo. La broma repetida La frecuencia con que se repiten esta clase de pedidos oscila de un restaurante a otro. Alfredo, encargado de Il Torrione -responsables de una de las cenas desaprovechadas del miércoles pasado- afirma que es la primera vez que pasa en los tres meses que lleva allí. Empleados del restaurante Cambalache dicen que les ocurre más o menos una vez cada dos meses, mientras que en Pizza Express aseguran que el fenómeno se repite un par de veces cada fin de semana. «Aquí claro que tiene pasado», comentó un trabajador de esta pizzería. «Son chavalitos que a lo mejor llega el repartidor y están allí riéndose». «También pasa que te piden para venir a recoger y luego no vienen a por el pedido», continuó. «Yo nada, que estoy aquí en la cocina. Pero para el encargado es un problema», aclaró. En Pizza Tutto coinciden con los trabajadores de Pizza Express. «Fastidia, porque en lo que llevas un pedido falso dejas de llevar uno verdadero», explicó una dependienta del restaurante. Los clientes, los restauradores y la policía coinciden en creer que generalmente se trata de bromas pesadas. «Es labor de un grupúsculo de la zona. Gente gastando una mala broma», piensa María José. «Soy partidaria de forjar una conciencia de colectivo entre los afectados. Ese es el espíritu que me anima», concluyó.