Reportaje | La cara humana de la futura dársena Nicolae Sorin, el especialista que maneja la principal grúa del puerto exterior, nació en el país del Este y llegó a A Coruña tras ejercer su trabajo en diferentes obras por toda España
15 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.«Conozco España mejor que muchos españoles». Nicolae Sorin, 47 años, originario de Iancu Jianu, una pequeña localidad rumana, ha recorrido la piel de toro ejerciendo como gruista y desde hace meses es uno de los trabajadores más populares de punta Langosteira. Agradable y hablador, aunque se le atraganta el castellano, Sorin maneja la pluma que coloca en el mar los bloques de hormigón del puerto exterior, con un trabajo preciso y minucioso que sorprende a todas las personas que visitan la obra. Nicolae es un auténtico especialista en su campo. Dejó Rumanía tras la revolución de 1989, que sumió al país en una crisis, y, después de trabajar en Libia e Italia, se estableció en España, de la mano de la empresa vasca Grúas Usabiaga. Pamplona, Bilbao, Málaga o Barcelona fueron entonces algunos de sus destinos, y en Madrid desmontó la torre Windsor tras el incendio. Hasta que conoció Galicia, en concreto Ferrol. Participó en las obras del nuevo puerto de la ciudad vecina y, concluida esa tarea, se trasladó a punta Langosteira. «Aquí el trabajo está más expuesto al oleaje, me da algo de miedo -confiesa-, pero es cierto que las medidas de seguridad son ahora muy buenas». Como muchos otros obreros y técnicos del puerto exterior habían estado también en la obra de Caneliñas, Sorin disfruta de un ambiente cordial en la UTE Langosteira y sólo tiene buenas palabras para la empresa, sus compañeros y sus jefes. «Tengo buenos encargados -dice-. Buceta, Roberto, José Enrique... Todos colaboramos para que las cosas salgan bien». Nicolae tiene un compañero, Felipe, con el que se turna para completar las jornadas laborales en punta Langosteira. Ambos conocen a la perfección su trabajo y depositan en el agua las piezas de hormigón, cada una en un lugar exacto asignado previamente, con ayuda de un ordenador y el GPS. La gran ilusión de Nicolae es traerse a la familia a A Coruña. En Rumanía siguen su madre, su esposa y sus dos hijos. Una ilusión compartida con ellos, porque ya han venido a verle varias veces y prefieren dejar Iancu Jianu para ganar en calidad de vida. Sorin les anima a acabar la enseñanza obligatoria y a ser buenos estudiantes para encontrar empleo después en España. «Ya saben más español que yo», apunta con nostalgia.