Los dueños de la pluma creen que cayó porque en la obra se continuó trabajando pese al viento Nueve personas ocuparon el banquillo para responder por los daños ocasionados
19 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.El juicio de faltas por la caída de una grúa en Monte Alto en 1999 comenzó ayer en la Audiencia Provincial con la comparecencia de los nueve demandados. Mientras las personas relacionadas con la constructora defendieron su inocencia, al responsabilizar del accidente a los encargados de la instalación de la grúa, éstos aseguraron que la culpable fue la constructora, al trabajar pese a la peligrosidad que suponía la «altísima» velocidad del viento, que era de 90 kilómetros por hora. Este suceso se produjo el 27 de diciembre de 1999, cuando la grúa que trabajaba en el número 82 de la calle Ángel Rebollo se desplomó, destruyendo tejados, aplastando un coche, dañando otros catorce vehículos y causando heridas graves a un vecino. Los afectados reclaman por los daños causados y el juicio busca a sus responsables para hacer frente a las indemnizaciones. En el banquillo se sentaron los nueve demandados: el gruista, el ingeniero que realizó el proyecto de instalación de la estructura, los representantes de la constructora y de la promotora, los representantes de Talleres Arteijo -la propietaria de la grúa- y Alquigal -la entidad que la alquiló-, el montador de la maquinaria, el aparejador de la obra y el representante de la empresa Atisae. Promotora El responsable de la promotora manifestó que apenas acudía por la obra, «por lo que no hice daño alguno a nadie». Este hombre, dueño del solar, declaró que se limitó a contratar una constructora. Por su parte, el constructor reconoció que aquella mañana recibió una llamada de la obra informándole de que la grúa se balanceaba. También aseguró que ante la fuerza del viento se decidió dejar de trabajar, llegando a cortar incluso la electricidad. El montador de la grúa testificó que días atrás del accidente lo llamaban de la obra porque la grúa no obedecía a los mandos, por lo que se vio en la necesidad de aconsejar a la constructora que no trabajaran cuando hacía viento. Este hombre cree que por la posición en que cayó la grúa, ésta debía de estar trabajando, pues si no lo estuviera, el brazo estaría en posición de veleta. El gruista, en cambio, aseguró que al percatarse del fuerte viento dejó de trabajar y cortó la electricidad. También criticó que los montadores no arriostraran la grúa. Sobre su carencia de título para manejar la grúa, manifestó que lleva en el empleo más de 40 años y si no tiene licencia es porque le resultó muy difícil sacarla, ya que apenas sabe leer.