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09 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.Una decoración de cuarto de estar, con sus mesas camilla, sus lamparitas y sus tazas de café, sirvió de acogedor escenario para una original propuesta del Congreso de la Ciencia. Bajo el epígrafe Un encuentro con provocador nos encontramos a cuatro personas que, más allá de su condición de expertos en determinadas materias, charlaron de modo ameno sobre la importancia de la ciencia en nuestras vidas como medio necesario para conocerse a uno mismo. El escritor Alfredo Conde, el catedrático de Filosofía Miguel Ángel Quintanilla y el codirector de las excavaciones de Atapuerca, Juan Luis Arsuaga, aceptaron los envites del periodista Jorge Alcalde, que ejerció de provocador, a quien le bastó proponer un tema para que la discusión comenzase a fluir de una mesa a otra. Incluso el público, vía sms o por notas, participó en la conversación. Formación y curiosidad La cuestión principal era decidir hasta qué punto son fundamentales los conocimientos científicos para el común de los mortales. Tras plantear Arsuaga una queja sobre la poca atención que reciben las ciencias en los planes de educación y la carencia que esto supone -«un licenciado en Derecho puede no haber visto nada de geología o no saber dónde tiene la próstata», aseguró- comenzaron las réplicas por parte de Alfredo Conde, que insistió en que el problema «radica en una cuestión de actitud ante la vida, de curiosidad, no de formación». También hubo críticas hacia el nivel científico de España. Según Quintanilla, «históricamente, desde la expulsión de los judíos, ser agudo e inteligente en este país le convierte a uno en sospechoso». Al final, la conclusión a la que pudieron llegar es que la ciencia puede ser un tema ameno para una sobremesa.