Entrevista | Jan Gustav Strandenaes El representante de Medio Ambiente de Naciones Unidas para el LivCom apoya la muestra de comunidades habitables
06 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.?an Gustav Strandenaes trabaja desde hace treinta años con la ONU, institución en la que dirige las relaciones con las oenegés en la comisión del desarrollo sostenible. Ayer llegó a una ciudad que le sonaba desde la infancia. De niño, en su Noruega natal, «siempre daban a la una en punto la situación meteorológica de A Coruña y Finisterre», recuerda. En Palexco, este profesor de Política Internacional trabajará para valorar los proyectos de comunidades habitables. Es el representante oficial del UNEP, el Programa de Medio Ambiente de las Naciones Unidas, para las finales del LivCom 2005. -¿Qué está haciendo la ONU por el desarrollo sostenible? -Esta temporada está siendo especialmente intensa. La comisión de desarrollo sostenible está comprobando la implantación de lo que se acordó en la cumbre de Johannensburgo. El reto de ahora es el cambio climático, la energía para el desarrollo, la industria limpia... Hay una comisión con sede en Canadá comprobando la implantación de los acuerdos de Kyoto y, al mismo tiempo, la UNEP trabaja en energías para el desarrollo, el turismo sostenible y la problemática causada por los productos químicos para una reunión en Bahreim dentro de dos semanas. En febrero habrá otro macroencuentro de ministros de medio ambiente de todo el mundo en Dubai, y, en estos momentos, se está celebrando la de energía en China. -Encuentros políticos. -No exclusivamente. Lo bueno de estas reuniones es que en todas tiene cada vez más importancia la sociedad civil. Cada una refuerza a las anteriores. La que se presenta más complicada es la de diciembre en Hong-Kong con la Organización Mundial del Comercio. Creo que habrá problemas, porque el mundo de los negocios y el del desarrollo sostenible están enfrentados. -La teoría es conocida, pero, ¿hasta qué punto está condicionada la práctica cuando países como EE. UU. nos suscriben protocolos como el de Kyoto? -Lo firmó Rusia, se ratificó el documento y es oficial internacionalmente, lo cual significa que la ONU puede ponerlo en marcha. Hasta ahora, Naciones Unidas podía hablar, pero no implantar. Obviamente, USA es importante, pero no se le permite a Naciones Unidas hacer declaraciones sobre si un país lo está haciendo bien o mal. Lo que sí es cierto es que, debido la presión social y científica, hay estados de USA que han implantado leyes sobre polución y cambio climático a nivel de Kyoto. -El poder económico siempre echa el freno, ¿qué hay que hacer para que apueste por lo sostenible? -Ésa no es la pregunta del millón de dólares, es la del premio Nobel... El mundo de los negocios no es una estructura monolítica, con una sola voz, una mente o una opinión. Existen organizaciones, como el Consejo Mundial de Negocios por el Desarrollo Sostenible, del que cientos de empresas son socias y están trabajando con fuerza por políticas sostenibles. Lo que intentamos hacer es convencer al poder de que trae beneficios, de que ser sostenible es rentable. Detrás hay un debate ideológico, porque hay quien mantiene que un mercado competitivo nunca puede ser sostenible. Mi impresión es que estas empresas han pasado de defender esto como una cuestión de imagen o márketing, Se ha progresado enormemente en los últimos diez años. -¿Cuánto le queda a nuestro planeta si no hacemos algo por proteger el medio ambiente? -Si no cambiamos hacia una forma más sostenible de vida, las opciones que tendremos como raza humana dentro de 100 o 200 años serán mucho más limitadas. Vamos hacia un cambio climático complicado. La naturaleza es muy resistente, pero el hombre más. Podemos destruir la biodiversidad, y con ello afectaremos a nuestras fuentes de alimentación. Dentro de ese período corto, estaremos limitando nuestras opciones de futuro. El planeta existirá, habrá vida, no se extinguirá, pero los tiempos serán mucho más duros si no actuamos ahora.