Una vez más, el Coliseo se rindió a sus pies. Les Luthiers consiguió el pasado jueves embaucar a los miles de espectadores que asistieron al último show del grupo cómico argentino, una batidora de clásicos. Unos muy populares para el público, otros nuevos. Poco o nada ha cambiado desde la última visita del quintento porteño en agosto del año pasado. Entonces llenaron el recinto y triunfaron con El grosso concerto . El jueves se repitió el guión. hicieron las delicias de los asistentes con un repaso a algunos de los números más conocidos de Les Luthiers. El sendero de Warren , sin ir más lejos, es, probablemente, el clásico entre los clásicos en la carrera de un grupo que lleva sobre los escenarios casi cuatro décadas ininterrumpidas. Esta pieza forma parte de un espectáculo emitido por TVE hace ya algo más de una década que convirtió al conjunto argentino en un grupo de culto entre el gran público español. En su último espectáculo, los cinco luthiers (uno de los integrantes, Carlos Núñez Cortés, ha sido sustituido para esta gira por Horacio Turano debido a una enfermedad) recurren a una receta que no les ha fallado y a la que no han renunciado durante su dilatada carrera: el humor inteligente y una impecable puesta en escena que alcanza su máxima expresión en otra de las señas de identidad del grupo, la música. Sus extravagantes instrumentos, con los que dan vida a canciones de los más diversos estilos - La cantata del adelantado Don Rodrigo... y Pepper Clemens... son dos ejemplos de su versatilidad-, y su humor universal, resuelto a través de un hilarante uso de la palabra, hacen las delicias de un público siempre entregado. En Las obras del ayer , Les Luthiers lleva a escena nueve gags , algunos de ellos sólo conocidos a través de las grabaciones musicales, que no aspiran a ser una antología de los mejores números del conjunto argentino, sino una revisión de aquellas piezas que más han divertido a sus cinco integrantes. Toda una declaración de intenciones que realmente tiene su extensión sobre el escenario. Y es que si algo llama la atención en sus actuaciones, es que cada uno de los luthiers desprende diversión, un sano sentido del humor que en este espectáculo adquiere especial significación en La hora de la nostalgia . Una pieza sencillamente magistral en la que la vis cómica de Marcos Mundstock, actor, locutor (su timbre de voz es inconfundible) y el más veterano del grupo, logra arrancar varios minutos desternillantes, de esos que dejan la sensación entre el público de que ha valido la pena pagar la entrada o hacer cola durante horas. A Coruña tendrá aún una oportunidad esta noche para disfrutar de la última peripecia cómica de los inventores del genial compositor Johann Sebastian Mastropiero.