Santander

RAMÓN CASTRO

A CORUÑA

HERCULÍNEAS | O |

19 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

SANTANDER es novia del mar, como Coruña en la canción de Jorge Sepúlveda. Tiene también playas urbanas, paseo marítimo, un hermoso faro, una bandera a rayas blancas y azules y una geografía de península como la nuestra, orientada al sur en medio del mar Cantábrico. Santander tuvo su fábrica de tabacos, que cerró como aquí para desgracia de muchos, fue residencia de verano de jefes de Estado, como A Coruña, la provincia apenas genera vino de calidad, como ésta, aunque la carencia se compensa también con un orujo de primera, y celebra el Santiago Apóstol con corridas de toros. Podemos seguir con los parecidos, que son muchos. Hablamos de dos ciudades de tamaño medio, señoritas según la opinión de sus vecinos limítrofes, que tienen su aeropuerto, su universidad, su escuela de caminos, su centro meteorológico, su ría, su puerto pesquero y sus problemas con el carbón, con la lluvia y con las plazas de aparcamiento. Ahora, A Coruña ha entregado a Santander el corazón y la cartera. El corazón con el Dépor, que tiene en Munitis a su estrella del año. Del Racing llegaron también Juanma, Liaño, Javi López, Víctor o Radchenko. Y la cartera con el puerto. Es casualidad, pero la Autoridad Portuaria, que gestiona el proyecto más importante y decisivo para la economía de la comarca, está en manos de dos santanderinos: Macario Fernández-Alonso y José Ignacio Villar. Habrá que ir pensando en abrir una Casa de Cantabria. Y encomendarse a la Virgen de Santoña, para que todos mantengan el acierto en los regates y atinen en los golpes francos. ramon.castro@lavoz.es