Veinte años mirando a las estrellas: del Halley al brillo de Venus

Pablo Pazos A CORUÑA

A CORUÑA

El cometa se dejó ver en 1986, y no volverá hasta el año 2052 El último eclipse importante, parcial, se produjo el 11 de agosto de 1999

29 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

Como pasa con los ríos, que unos se llevan la fama en detrimento de otros, el Halley es el más conocido de los fenómenos astronómicos que se han podido observar recientemente en la ciudad, pero no por eso el más espectacular. Al menos, esta es la opinión de algunos entendidos en la materia, como Óscar Blanco, presidente de la agrupación Ío. A su juicio, que el paso del Halley, que tuvo lugar en la primavera de 1986, haya permanecido hasta hoy en la retina de los coruñeses, se debe a que «fue el primero del que se predijo su regreso. Algunos cometas tienen un período, y es el caso del Halley», explica Blanco. Para el presidente de Ío, sin embargo, el paso espectacular fue el de 1910. El de 1986, para Blanco, «fue poco brillante. Ha sido superado por otros cometas posteriores, como el Hyakutake en 1996, el Hale-Bopp en 1997 o el Ikeya-Zhang en 2002», añade Blanco. Más allá del Halley Pero la lista de acontecimientos meteorológicos continúa. Muchos recuerdan todavía el 11 de agosto de 1999 como la fecha en que la Luna se tragó el Sol casi por completo. Sin embargo, fue en el centro de Europa donde se pudo contemplar el fenómeno en toda su magnitud, tal y como había ocurrido aquí en 1930. Entonces se pudo observar la corona solar a simple vista, sin filtros: ventajas de los eclipses totales. Por aquella época, un aficionado lucense, Francisco García, llevó a cabo la proeza de descubrir una supernova -estrella a punto de explotar- en la galaxia M81 con un telescopio no profesional y de forma casual. En el 2002, concretamente el 3 de mayo, se produjo una conjunción planetaria, visible en todo el mundo al atardecer, después de la puesta del sol. Uno de las mejores en los últimos años, según Blanco. Brindó la oportunidad de contemplar a simple vista, sin telescopio, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno. La sensación, a causa del ojo humano, era que los planetas se aglutinaban en una franja muy pequeña. En agosto del 2003, el protagonismo recayó en Marte. El planeta rojo pudo observarse en condiciones inmejorables al encontrarse entonces en el punto máximo de acercamiento de su órbita con la terrestre. Otro planeta, Venus, acaparó la atención un año más tarde, el 8 de junio del 2004, en un espectáculo poco frecuente: el que ofrece su tránsito. La singularidad de estos acontecimientos es que se producen en pares, separados entre sí por 8 años, pero con más de 100 entre un par y el siguiente.