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A CORUÑA

HERCULÍNEAS | O |

15 jul 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

EL AIRE africano que le pasa la mano por el lomo al Orzán desdibuja mis señas de identidad. Como no me den pronto un chute de lluvia sospecho que me voy a levantar una mañana de estas con el acento de una tonadillera del sur, yo, que reivindico un carné de bárbaro del norte frente a la teima de quienes se empeñan en que siga la dieta mediterránea, como si el sagrado marisco do cortello tuviese algo que envidiar a las miniaturas gastronómicas de Ferrán Adriá; yo, que paso de unos Juegos del Mediterráneo (ese charco) inaugurados, cómo no, por los muchachos de la Fura dels Baus. Con los termómetros a 33 grados se me disuelven las neuronas hasta tal punto que el otro día soñé que leía en el titular de un periódico deportivo: «Descartes en el Dépor» y, por un momento, llegué a pensar que el equipo de mi ex barrio había fichado al filósofo de la duda metódica para reemplazar la zurda insuperable de Fran, el último mohicano de los buenos tiempos de Riazor. Incluso soñé que, con el disparo a bocajarro del primer café en el cerebelo, veía en La Voz la fotografía de un camión de Mudanzas Boquete (sic) descargando en Perbes los bártulos del ex presidente Fraga Iribarne. Esta ciudad (o al menos mi cráneo) necesita aire acondicionado. luis.pousa@lavoz.es