HERCULÍNEAS | O |
04 jun 2005 . Actualizado a las 07:00 h.AL PASO que vamos, dice Sánchez Dragó, al cuento Blancanieves y los siete enanitos lo van a titular Blancanieves y las siete personas que no han alcanzado la talla de gigante. Es normal. Hay un sector del público que se puede sentir dolido y no está el mercado editorial como para ahuyentar a potenciales lectores. Los eufemismos se han colado en nuestra vida casi de puntillas, de la misma forma que los L.casei inmunitas del yogur o las hipotecas, nombre éste feo de solemnidad, que está pidiendo un eufemismo a gritos. Se me ocurre cariñosos-compromisos-con-nuestros-amigos-los-bancos. Creo que suena mucho más tierno y hasta puede dar la sensación de que al final no te van a sacar un riñón sin anestesia. Claro que ni las hipotecas ni los enanitos, con perdón, dejarán de serlo por mucho eufemismo que nos saquemos de la manga. La madre de todos ellos, de los eufemismos, no de los enanitos, cuelga estos días de un edificio coruñés, el de las adoratrices, en la calle Gregorio Hernández. Un cartel reza que el inmueble está en proceso de desconstrucción, un término que en cierta medida suaviza el hecho de que el pobre edificio, cómo les diría yo para no herir sensibilidades, nos está dejando; vamos, que está pasando a mejor vida. laureano.lopez@lavoz.es