Los achaques de la ciudad de cristal

La Voz E. S. | A CORUÑA

A CORUÑA

XOSÉ CASTRO

Reportaje | Un recorrido por la cara más descuidada de A Coruña Edificios ruinosos, escombros en las aceras, baches en calles céntricas y muy concurridas o chabolas frente a jardines públicos contribuyen a empañar su fama de urbe hermosa

14 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

Al entrar en la ciudad por el puente de A Pasaxe la vista se va de forma automática hacia la derecha. Allí uno se encuentra lo de siempre, el mismo paisaje desolador: la vieja conservera Celta y sus alrededores repletos de desperdicios y escombros. Por la avenida del Ejército, adentrándose en la «ciudad de cristal», una capa de polvillo negro cubre el parque de San Diego, el mismo color que tiñe las fachadas y los cristales de esta zona. Las descargas de los buques que atracan en el puerto son la principal causa. A Coruña, a pesar de vender la imagen de ser una ciudad hermosa, esconde bajo sus enaguas alguna que otra vergüenza. Las más visibles son los garabatos que ensucian las paredes de la urbe, un caso perdido para los que se encargan de borrarlas. Si se pinta una pared de blanco, al día siguiente vuelve a aparecer una firma o un grafito. Las situaciones más sangrantes están en las dos zonas de «marcha»: Orzán y Ciudad Vieja, donde las pintadas llegan a manchar el granito de edificios históricos y protegidos. Escombros en las aceras Los actos vandálicos no son los únicos que destrozan y afean la ciudad. Por ejemplo ¿qué pasa con los escombros de obras que se acumulan en algunas calles? Además del peligro que suponen, en ciertos casos ni siquiera dejan paso libre a los viandantes por las aceras. También afean la cara visible de la ciudad las numerosas viviendas deshabitadas o en ruina que pueblan el casco viejo de A Coruña. El presidente de la asociación de vecinos Cidade Vella, Xoán Xosé Martínez Cagigal, asegura que si la Administración no puede actuar en esos casos, sí debe implicar a los propietarios en su reparación: «É responsabilidade de todos o respeto ao patrimonio», explica. Sobre la instalación de toldos para cubrir viviendas en ruinas considera que no es la solución más adecuada: «Poden servir para ocultar a súa situación de abandono. É como quen parece que ten limpa a casa e ten a morralla debaixo das alfombras». Sin embargo ve viable esta solución para viviendas en proceso de construcción o reforma: «Sempre que non sirvan para ocular operacións vergoñentas». Al feísmo urbano de la ciudad también contribuyen pequeños detalles como el cableado eléctrico que nadie se ha preocupado de ocultar, al menos, bajo las cornisas de los edificios. Hay claros ejemplos en el barrio de Monte Alto, en la calle peatonal de A Gaiteira -donde sobreviven, más horizontales que verticales, antiguos postes de madera- o en la calle Orzán. Bacheado en calles céntricas Y sin tener que alzar la vista, un paseo por calles céntricas también dan buena cuenta del olvido al que están sometidas algunas calles urbanas. Así, transitar en coche por la calle Ramón y Cajal (uno de los puntos comerciales más importantes de la ciudad y salida portuaria) puede ser un suplicio. También hay que esquivar multitud de baches al pasar por Cordonería (una calle que, además, está mal iluminada) o a lo largo de la avenida de Finisterre. Las grandes inversiones para embellecer A Coruña y atraer a turistas a veces pasan desapercibidas cuando, por ejemplo, en plena calle Real, o en rúa Nueva, los viandantes se encuentran con contenedores que entorpecen el paso y afean el entorno. El presidente de la federación de asociaciones de vecinos de A Coruña, José Antonio Folgueira, considera que ese problema tendría solución si se repartieran mejor por las calles, «en vez de estar todos xuntos, porque deste xeito se disimulan menos». También considera viable instalar los contenedores bajo tierra: «É un bo sistema para zonas emblemáticas, para conservar a estética, aínda que é costosísimo». Explica que ya se aplica en ayuntamientos como Sanxenxo o A Laracha, y que un sistema hidráulico permite sacar los contenedores a la superficie cuando tienen que vaciarse. En algunas localidades, la instalación de cinco contenedores subterráneos ha costado algo más de 69.000 euros. José Antonio Folgueira considera que el feísmo urbano de A Coruña sólo existe en zonas puntuales y muy contadas: «Nesta cidade é mínimo», explica. Asegura que los concejales del Ayuntamiento están a disposición de las agrupaciones vecinales siempre que hay alguna queja al respecto. Sin embargo, algunos vecinos creen que les quedan asignaturas pendientes como la presencia de chabolas y acumulación de residuos junto al parque de Bens, la falta de señalización adecuada para subir al monte de San Pedro o las construcciones casi ruinosas del paseo marítimo.