Entrevista | Dámaso Díaz Otero
31 mar 2005 . Actualizado a las 07:00 h.?n la placa de su consulta en Médico Rodríguez pone puericultor, aunque entre sus pacientes pediátricos (casi 6.000 lactantes y más de 9.000 niños) se encuentran hasta ocho generaciones de la misma familia y un hombre de 106 años «y cuatro meses», apunta. Dámaso Díaz Otero, el médico por el que en 1965, cuando ganó la plaza en Arteixo y tuvo que dejar Sada, se movilizaron dos autobuses de mujeres, es además amante de la historia, de la gastronomía, es sumiller y «lo que nadie sabe, es que también fui atleta». Y concejal durante 24 horas en las primeras elecciones democráticas. En su acto de ingreso en la Academia, la afluencia de público desbordó todas las previsiones. -¿Por qué pediatra? -Porque me gustan los niños. Y también los viejos. Soy también internista y la pediatría no deja de ser la medicina interna de los niños. Fui también miembro fundador de las sociedades de neumología y sexología... Realmente, soy psicosomatólogo. Ser consejero y confesor es la labor del médico. Ahí está la mitad del éxito. Primero la palabra, después la medicina, y, si no queda más remedio, el bisturí. A mí, me gusta que los pacientes sean mis amigos. -¿Ha hecho muchos? -Nunca tuve un problema con nadie. Y llevo 43 años de ejercicio. -¿Muchos cambios? -Muchísimos. En los primeros 20 años, no vi ni un sólo hombre que trajese al niño a la consulta. En todo este tiempo, la mujer ha dado treinta pasos y el hombre, uno. Hemos pasado de un polo al opuesto. -¿Los niños hoy son distintos? -Los niños son el fruto de la educación de sus padres. Ahora son más inquietos e incluso hay rebeldes sin causa. Si la tuvieran, me sumaría a ella. Pero nunca se les puede culpar. Hay que darles cariño, pero eso no significa dejarles hacer lo que les dé la gana. -¿Su salud, ha mejorado? -Muchísimo. Se ha mejorado sobre todo en la alimentación y en las vacunas. Me cansé de ver raquitismo, escorbuto... Creo que tuvo algo que ver la desaparición de la cartilla de racionamiento. Hoy ya no vemos avitaminosis, ni polio, ni casi meningitis... aunque me siguen preocupando cosas que siguen matando, como los accidentes, los domésticos y los de tráfico. -¿Y la obesidad? -Es una epidemia. Hay que luchar contra ella, lo que no significa que haya que luchar contra las grasas. Hoy los niños ya no juegan al pañuelo y comen bollos en vez de bocadillos. Siempre digo que prevenir sale barato, cuesta menos, en esto y en otras cosas. Si a tu hijo le puedes comprar un cocodrilo, ¿por qué no gastas en salud? Ya en Sada, traer una vacuna de Estados Unidos parecía un despropósito, pero el Winston o el Marlboro lo encontrabas en cualquier sitio.