En dos minutos | Alain Jean Paul Magri Las imágenes por ordenador, con imanes, móviles y mucho color forman sus obras
28 mar 2005 . Actualizado a las 07:00 h.Magri nació en Toulouse (Francia) en plena Segunda Guerra Mundial, estudió Bellas Artes y se instaló en el barrio parisino de Montparnasse. Fue un bohemio que tomó café con Truffaut y sigue siendo un bohemio en Pontedeume, donde vive desde hace 25 años. «Llegué aquí por amor a la pesca con caña y a mi mujer», dice. Últimamente mostró sus obras en la galería Pardo Bazán en una muestra que definió como «digital, magnética e interactiva». -¿Qué cree que es lo primero que piensa la gente que ve sus cuadros? -Que se lo pasa bien porque en ella hay humor, fantasía y color. Pero aunque parece alegre y juguetona, detrás hay interrogantes y angustia sobre cuestiones delicadas como la muerte, la guerra o la opresión. Cuando rascas, ves que la realidad no es tan optimista. -¿Hay orden en sus obras, llenas de objetos? -Hay un orden total, en cada cuadro hay un discurso y un sentido precisos. El azar aquí no tiene cabida. -Usted defiende que el arte debe ser para todos... -Sí, pero muy pocos lo practican. Hace falta coraje para eso. -Pero el precio del arte no está al alcance de cualquier bolsillo. -Ya, pero hay que pensar que del valor de un cuadro, la galería se lleva una parte, hay que pagar el material y luego están los impuestos. Pero bueno, ya sé lo que es perder dinero en el arte. -Trabaja con el ordenador. ¿Regresará al pincel? -Sí, pero será con otro discurso. El arte actual está desfasado, muerto, le falta imaginación. Por eso mis cuadros no se ven en Arco, son muy novedosos.