Una princesa de cuento

Carlos Fernández A CORUÑA

A CORUÑA

BLANCO

Historias de A Coruña | Visita exótica Charupatra de Tailandia aprovechó la boda de un compañero de su hijo en la Academia Naval de Marín para recorrer la ciudad y conocer sus principales atractivos en 1962

19 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

A Coruña siempre tuvo un especial magnetismo para atraer a los visitantes más ilustres y peculiares de cuantos arribaban a España. Una de las visitas más exóticas que tuvo la ciudad en los años 60 del pasado siglo fue la de la princesa Charupatra Abhakara de Tailandia, a la que acompañaba su hijo Bhakara Subhakalaya, que estaba estudiando en la Escuela Naval de Marín. La princesa Charupatra era nieta del rey Chulalocan, que hacía muchos años había estado en España, y un familiar suyo, el príncipe Abhakara de Champon, fue el fundador de la Armada tailandesa a la que su hijo, alférez de navío, se iba a incorporar en unos días. Tenía, asimismo, muy buenas relaciones con los reyes de su país, Phulmipol y Sirikit. Charupatra visitaba A Coruña con motivo de asistir al enlace matrimonial del teniente de Artillería Carlos López Perea con la joven Inés Otero Lastres, alojándose en el Hotel Embajador. Su hijo era amigo de un hermano del novio, Vicente, que era marino de guerra y con el que había convivido en Marín. Entrevista La Voz consiguió entrevistarla gracias a los buenos oficios de su cronista social Carmen Torrado, que acompañó al redactor jefe del periódico Orestes Vara. Hizo de intérprete el hijo de la princesa, que, tras su larga estancia en Galicia (también estuvo en la base naval de Soller-Baleares) hablaba un buen español. Procedía la princesa de Suiza. Antes había estado pasando también algunos días en ciudades como París y Londres, aunque habitualmente residía en Bangkok. En su entrevista, la representante de la familia real asiática comenzó diciendo que el paisaje de Tailandia se parecía mucho al de Galicia, aunque allí no lloviese tanto como aquí. La gente, tanto gallega como del resto de España, le parecía muy amable y no conocía otro país tan abierto y cariñoso. Lo que sí le extrañaba de los españoles era que en una conversación unos se cortaban a otros (y eso que no habían llegado las tertulias radiofónicas). «En Tailandia -dijo- cuando uno habla los demás callan y escuchan».