HERCULÍNEAS | O |
14 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.HAY QUE agradecerle al Ayuntamiento que comprase la casa coruñesa donde vivió de crío Picasso, lo que, además de evitar su transformación (varias estancias siguen tal y como estaban en los tiempos en los que las recorría Pablito), permitió acabar con uno de los mayores atentados artísticos que se recuerdan en la ciudad: cuando el piso estaba habitado, el visitante era recibido por un retrato de uno de los Picapiedra, no recuerdo ahora si Pedro o, lo que tendría más coña, Pablo. Tras el agradecimiento, vayamos al grano: este recinto donde no se expone ninguna obra del malagueño está cerrado la mayor parte de los días (para visitarlo, hay que pedir cita previa) y no se recuerda el último acto que se celebró allí. Aunque participó en la primera exposición surrealista, dicen los libros que Picasso nunca se consideró parte de este grupo. Sin embargo, su casa coruñesa es inequívocamente surrealista. ¿Para qué se abren museos si después no se les dota de contenidos? No es un caso aislado. El Ayuntamiento se gastó 6 millones de euros en transformar el cuartel de Macanaz en la Fundación Luis Seoane, pero un Cristo Obrero acaba de emigrar a Vigo porque Caixanova ha pagado 30.000 euros.