El enfermo comprometido

R. D. Seoane A CORUÑA

A CORUÑA

Perfil | Antonio Insua Rodríguez Fue el tercer trasplantado de pulmón del Canalejo. A cambio montó Airiños y dedicó su segunda vida a hacer «apología» de la donación

03 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

? Antonio Insua el tabaco lo secó su vida de empleado de banca. Nació, azares de la vida, en la fecha dedicada al día del donante, un 5 de junio, de 1942. Y volvió a nacer el 2 de agosto del 99 cuando, tras quince meses de espera postrado en una silla de ruedas y enganchado a una mochila de oxígeno, recibió un trasplante bipulmonar. «Morirse es difícil», solía decir con la misma claridad con la que reconocía vivir de prestado. «No hay un selo día que no recuerde a quien donó lo único que podía salvarme de una muerte segura», repitió cientos de veces. E hizo de la donación su particular apostolado. Insua, impulsado por ese huracán al que comparó el primer soplo de aire tras el trasplante, se entregó después a un único compromiso: recompensar a la sociedad que le había devuelto el respirar. Montó la asociación de trasplantados de pulmón, ahora huérfana, y decidió bautizarla con el nombre de Airiños. Se preocupó casi obsesivamente por que pacientes y familiares contasen con toda la información posible sobre todos los aspectos del antes, el durante y el después de lograr un recambio vital. La medicación e incluso la dieta del trasplantado -curiosas son sus recetas divulgadas en la web www.pulmoncito.es- fueron objeto de su interés. Hasta redactó un manual sobre los cuidados de enfermería, colectivo que, insistía, era casi la única ventana con el mundo en los periodos de aislamiento que sufren quienes no les queda más que esperar. Pero nada le inquietó tanto como hacer prender en todos, y más entre los jóvenes, la importancia de la solidaridad frente a la muerte más cercana. La informática fue uno de sus descubrimientos para recrear en decenas de charlas en colegios y escuelas que el trasplante es el único tratamiento que no depende del médico. «No hay receptor sin donante», subrayaba. Médicos de la Oficina de Coordinación de Trasplantes del Canalejo recuerdan que su testimonio convencía más que toda la aséptica información para lograr una donación más. La familia, la sensibilización, los paseos y las tertulias llenaron la segunda etapa de su vida, de la que se despidió el pasado mes de julio.