HERCULÍNEAS | O |
14 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.LA PERLA DEL Atlántico, la capital de Zara, la ciudad de Picasso, o el apodo que le queramos poner a esta ciudad, no sirve de nada si colgamos el cartel de cerrado cuando vienen dos mil turistas ansiosos por machacar la barra magnética de sus Visas en nuestros comercios. El jueves pasado llegó una marabunta a bordo del Adonia, un mastodonte blanco que atracó en el muelle de Trasatlánticos. De todos ellos, 120 se fueron a ver Santiago. El resto buscaban sitios donde comprar, pero, sorpresa, la ciudad tenía puesto el candado. Así que -menudo espectáculo- terminaron en un centro comercial de las afueras. Es necesario convertir el centro en una zona comercial con ventajas fiscales específicas para que los empresarios puedan contratar a gente de refuerzo para que trabaje los domingos o los festivos, como ocurre en todas las ciudades que son o aspiran a ser centros de comercio y servicios. O eso, o nos dedicamos a otra cosa. Porque multipliquen los 1.850 turistas que se quedaron por los 120 euros que, de media, se gasta cada crucerista en la ciudad. No nos podemos permitir perder ese tipo de oportunidades. juan.gomezaller@lavoz.es