En directo | Un paseo en la patrullera de la Guardia Civil
11 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.El primer viaje en barco se recuerda toda la vida. Y, aunque A Coruña sea ciudad marinera, todavía quedan mucho grumetes que jamás han puesto el pie ni siquiera en una lancha. Por eso, y porque el océano posee una mitología que envuelve los sueños infantiles, el bautizo de mar que recibieron ayer trece alumnos del Colegio Salgado Torres fue un regalo que, a buen seguro, conservarán en la memoria para siempre. Un aula flotante El barco que la Guardia Civil utiliza para hacer la ronda por las aguas desde Ribeira a Ribadeo se transformó en patrullera-escuela: un aula flotante donde los niños disfrutaron del vaivén de las olas y contemplaron la ciudad desde una perspectiva nueva. Treinta metros de eslora pueden albergar incontables sorpresas, sobre todo cuando la pasajera más experimentada del grupo revela que viajó una vez a Ferrol en chalana y volvió en tren. Pocos sospechaban que en las tripas de la patrullera cabe un pequeño y acogedor hogar para los agentes que pasan dos o tres días seguidos controlando el litoral. Pero ayer no tocaba descubrir mariscadores furtivos ni cargamentos de droga, sino un paseo por la ría de A Coruña hasta la torre de Hércules, un regreso a aquellos tópicos que toda la vida han fascinado a los niños: literas, escaleras verticales, puente de mando plagado de botones. «¡Yo quiero vivir aquí!», sintetiza Laura, en su particular visión del paraíso. Pero lo mejor llegó al soltar las amarras. Cuando las trece vocecitas empezaron a clamar «¡que acelere!» no sabían lo que estaban pidiendo. A una velocidad de treinta nudos (unos sesenta kilómetros por hora) hay que ser muy sólido para no salir volando. Agarradísimos a las cuerdas de la borda y con cara de velocidad, los niños del Salgado Torres disfrutaron de una atracción de feria muy especial. Y al final se escuchó, como siempre ocurre cuando la noria se detiene, «¡queremos montar otra vez!».