El brazo del tío

| CÉSAR WONENBURGER |

A CORUÑA

CRÍTICA MUSICAL

26 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

HABRÁ que hacer otro hueco de honor en la larga lista de excelentes directores invitados que estos últimos meses están pasando por la temporada de la Orquesta Sinfónica de Galicia para el italiano Roberto Abbado. Salido del taller de orfebre del gran Franco Ferrara (con Hans Swarowski, los mejores forjadores de batutas del mundo), Abbado posee un estilo, unas maneras, que remiten inmediatamente a su célebre tío, Claudio. En algunos momentos parece como si el brazo izquierdo de su pariente se lo hubiesen injertado directamente al más joven, porque la reconocible gestualidad, ese trazo amplio, limpio y elegante, tan expresivo a la hora de dibujar la música, es idéntica. Tanto es así que en algunos momentos parece un clon del otro, y eso quizá sea lo menos satisfactorio: entre el original y la copia, se impone siempre lo primero. Herencia En música, como en el arte en general, la cuestión de la herencia es siempre compleja, y sólo en algunos casos se resuelve satisfactoriamente, como en el de los Kleiber; aunque al divino Carlos le haya pesado toda su vida como una losa -y quizá esa sea la explicación de su extraña pero genial carrera- la sombra de su padre Erich. En fin, que aunque a veces nos recuerde demasiado a don Claudio -lo cual no es malo per se-, el sobrinísimo Roberto obtiene unos resultados magníficos de la Orquesta Sinfónica de Galicia. Brindó una Heroica nerviosa, incisiva, vitalista, de tempi ágiles; minuciosa en el detalle y muy clara de texturas. La madera volvió a lucirse especialmente, como reconoció el propio director, al hacer que se pusieran en pie todos los músicos de esta sección, nada más concluir, para recibir en solitario los generosos aplausos de un público que parecía especialmente contento con uno de esos programas que ahora se han convertido en atípicos, Beethoven y Brahms, qué excentricidad, nada menos. ¿Para cuándo, por cierto, una integral de las sinfonías beethovenianas en temporada, que ya va siendo hora? Resultó particularmente grato volver a encontrarse con Leonidas Kavakos, un violinista que no tiene la fama de un Vengerov, posiblemente por capricho de discográficas o por su falta de glamur, pero que es tan bueno, o incluso, superior que el ruso. Su interpretación del Concierto de Brahms no admite reparos, fue de un nivel excelso. Dominio portentoso A un dominio portentoso del instrumento le acompañan sobre todo las ganas de llegar hasta al fondo de la música, con una expresividad honda, serena y penetrante, que logra hacer parecer como fácil lo que no lo es en modo alguno. La cadenza al final del primer movimiento fue de infarto. La próxima vez no deberían esperar tanto para volver a traerlo a esta ciudad. Mención aparte merece la estupenda prestación de Casey Hill en el movimiento central, para quitarse el sombrero. Orquesta. Sinfónica de Galicia. Director. Roberto Abbado. Solista. Leonidas Kavakos (violín). Programa. Composiciones de de Brahms y Beethoven. Lugar. Palacio de la Ópera, viernes 23 de abril del 2004.