Historias de A Coruña | Viaje del Caudillo En el verano de 1939, el general Franco y su familia visitaron el pueblo marinero de Caión, donde degustaron una comida típica amenizada con unas «regueifas»
27 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.Quizá la visita más singular de Franco durante sus estancias en la provincia coruñesa sea la del verano de 1939 a Caión. A pesar de encontrarse a poco más de veinte kilómetros de A Coruña, esta pequeña villa marinera parecía hallarse en el fin del mundo. Su comunicación por tierra era tan deficiente, que casi se tardaba menos yendo por mar. El viaje de Franco fue sorpresivo y muy pocos sabían que el Caudillo iba a aparecer por allí. La Voz diría en su información de la visita: «Los vecinos no esperaban el viaje, no se habían hecho a la idea de que la excelsa figura del salvador de España fuera a honrarles con su presencia». A falta de pancarta, los niños de la villa escribieron en el encerado de su escuela: «Los niños de Caión con el salvador de España, el Generalísimo Franco». También, en el balcón de la casa desde donde habló el Caudillo, se colocó una sábana con un saludo al egregio visitante. Poco después de las seis de la tarde del 24 de junio, tres bombas de palenque anunciaron la llegada del Generalísimo, que apareció sin más acompañamiento que el de su esposa, hija, hermana, el gobernador civil, el alcalde Molina y la señora de Borrell. Como no había banda de música fue empleado un cuerno marinero, modelo vikingo. El Caudillo fue recibido por el alcalde de Laracha, Astray Hermida (pues Caión no era cabeza de municipio); el párroco, Mato Tojo, y el presidente del Pósito de Pescadores, Mariano Fuentes. También le saludó el anciano más venerable de Caión, Francisco Suárez Varela quien, tras hacerle el saludo a la romana, le espetó: «Estábamos perdidos si por vosté non fora. ¡Viva España!». Banquete Franco ordenó que el anciano se sentara a su mesa durante la merienda enxebre que se celebró a continuación. Consistió el menú en sardinas asadas con cachelos, que todos comieron con las manos, aunque les habían puesto tenedores de madera. El Caudillo rechazó, además, el cap que se le ofreció y dijo: «Eu prefiro viño do ribeiro», que, tras recibir una gran ovación, tomó en taza de barro. Se sirvieron también centollas, pan moreno y dulces. Franco estaba de un gallego subido, pues días antes, en su visita a Ferrol, comenzó el discurso con un «Paisaniños todos». Además, el cura párroco de Caión entonó ante el general unas regueifas , que comenzaban así: «Na miña vida tal vin, na nosa grande nación, que un Caudillo como Franco, viniese ver a Caión». También, el veterano regueifeiro Pena cantó otra que comenzaba: «Que nunca lle pase mal, eu llo pido Dios diante, que lle coñecí en Oviedo, cando era comandante». Luego, el militar ferrolano se dirigió a la plaza del pueblo, pronunciando desde el ayuntamiento un discurso curioso: «Yo pregunté: ¿Cuál es el pueblo más marinero de la provincia? Y me contestaron: el pueblo más marinero de la provincia es Caión. Y es el más marinero porque vivía de cara al mar, ya que hasta hace poco no tenía comunicación por tierra. Siento profundamente los problemas de los hombres del mar y, por eso, estoy aquí entre vosotros (nuevas ovaciones)». Luego Franco, cual moderno rey mago, ofreció a los caioneses dos regalos: una grúa y un camión para transportar el pescado a la capital. Finalizó su discurso con dos curiosos gritos: «¡Arriba España! ¡Arriba el mar!».