Un espectáculo insólito

Historias de A Coruña | Concierto en María Pita En el verano de 1958 se interpretó el himno gallego ante Francisco Franco en una cena de gala celebrada en el consistorio coruñés


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Cuando se habla de Franco y el himno gallego, siempre se cita la interpretación de éste en el Palacio de los Deportes, durante el verano de 1975, con motivo de un homenaje a su persona. Sin embargo, la primera vez que se interpretó ante el Caudillo fue en el ayuntamiento coruñés en el verano de 1958, durante la tradicional cena de gala que se le ofrecía con motivo de su estancia en el Pazo de Meirás. Esta es su historia.Ocurrió el 6 de septiembre. El día antes se había celebrado consejo de ministros y nueve de ellos asistieron a la cena de gala. El acto comenzó a las once menos cuarto, con la llegada de Franco y su esposa Carmen Polo, que llevaba un elegante vestido de raso natural, color plomo con tocado de tul, luciendo sobre el cuello un collar de tres vueltas de perlas naturales. El Caudillo entró en el comedor ofreciendo el brazo a la esposa del ministro de Hacienda, Navarro Rubio, mientras que doña Carmen lo hacía del brazo del alcalde de la ciudad, Alfonso Molina. Además de los miembros del Gobierno y autoridades civiles, militares y eclesiásticas de la región, asistió el escritor Wenceslao Fernández Flórez; el director del Banco de Crédito Local, Fariña Ferreiro; el conde de Fenosa, Pedro Barrié, y otros personajes de la vida local coruñesa.AusteridadDurante la cena (que solía ser austera, aunque, eso sí, etiquetados sus platos con nombres rimbombantes), la Orquesta Sinfónica Municipal interpretó obras de Schubert, Haydn, Schumann y Granados, y la Coral Polifónica El Eco, también con la orquesta, lo hizo con piezas de Rodrigo A. de Santiago y Taibo.Finalizada la cena, todos pasaron a tomar café al salón de sesiones. Allí tuvo lugar un recital artístico que inició la pareja de baile español de Pilar Juárez y Antonio Medina. A continuación, el director de la agrupación La Farándula, Luis Iglesias de Souza, recitó el poema A nuestro Caudillo, compuesto por Eduardo Marquina. Después, la cantante cubana Sarita Escarpanter interpretó María de la O, de Lecuona y, seguidamente, se realizó un desfile de agrupaciones corales, con las intervenciones de los grupos Aturuxo, Cantigas da Terra y El Eco.PermisoLos invitados pasaron entonces a los balcones del patio central del ayuntamiento para escuchar desde allí una actuación conjunta de las tres citadas agrupaciones, bajo la dirección de Jesús González, subdirector de la orquesta municipal y del maestro Adolfo Anta. Tras interpretar Os teus ollos y Negra sombra, Anta subió las escaleras y, tras una ceremoniosa inclinación, le dijo a Franco: «Caudillo de España, pido el permiso a Su Excelencia para interpretar el himno gallego como homenaje a su más ilustre hijo».Tras un momento de suspense y un gesto de sorpresa en algunas autoridades, como el severo gobernador civil Martín Freire (que sólo llevaba unos meses en el cargo y creyó que se jugaba su carrera política), el Generalísimo dijo: «Puede hacerlo, pues me gusta mucho». El maestro bajó la señorial escalera de mármol (que se había inaugurado hace tres veranos) y comenzó la interpretación del famoso himno. El Caudillo se puso en pie y, como movidos por un resorte, lo hicieron el resto de los invitados.«Pasmados»Un conocido periodista gallego, que con su esposa asistía al acto, recordaría años después: «Casi todos los presentes se quedaron pasmados cuando Anta, con una voz alta y con el característico acento de la tierra, le pidió permiso a Franco para interpretarlo. Excepto el alcalde Molina, que sonrió con complacencia, igual que Barrié, la mayoría no sabía muy bien a qué atenerse, pues Anta no dijo que iba a interpretar Os pinos, de Eduardo Pondal y Pascual Veiga, que hubiese pasado más desapercibido, sino que dijo claramente 'himno gallego'. El capitán general, Gutiérrez de Soto, miraba, al mismo tiempo, a Molina y al gobernador civil, Martín Freire, y éste a su vez a don Camilo (Alonso Vega). Sin embargo, respiraron aliviados cuando Franco dijo que le gustaba muchísimo».Para terminar la velada, Franco y su esposa salieron al balcón del consistorio desde donde presenciaron una sesión de fuegos artificiales, ante el numeroso público que se había congregado en la plaza de María Pita.

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