Reportaje | La escalada de precios en la vivienda vista por los jóvenes coruñeses Tal y como llega se va. El continuo incremento en el coste de los pisos hace que los que se atreven a comprar destinen más de la mitad de su sueldo a las hipotecas
09 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.?ay para todos los gustos. Los que emigran al área metropolitana, los que optan por un piso para reformar en el centro, los que malviven pero no renuncian a la propiedad y los que alquilan porque les es materialmente imposible comprar. La burbuja inmobiliaria hace estragos entre los jóvenes coruñeses. Julia R. se metió de lleno en la vivienda. No quiso contar con su pareja, autónomo, por eso de asegurar la respuesta al préstamo. Estaba segura de que sus 1.200 euros mensuales eran suficientes. Por eso no lo dudó. En el centro. Tras vueltas y más vueltas, encontró algo a su gusto. Cerca del estadio de Riazor, por 99.167 euros. Hasta entonces, bien. Incluso se aventuró a pedir una hipoteca muy superior al precio del piso para reformarlo. «Era necesario. No fue un capricho», matiza Julia. Total, 48.000 euros más. A todos los ahorros se suman ahora 530 mensuales de hipoteca. Pero llegaron los imprevistos. «Nunca lo pensé, pero tuve que pedir un anticipo de 6.000 euros para completar la instalación eléctrica porque uno de los inconvenientes de los pisos viejos es que las comunidades no aceptan poner gas», cuenta, a la vez que reconoce que «trabajo para pagar el piso y los gastos. No sé qué haré cuando me vaya de casa y me independice de verdad». Ahogados y sin grandes gastos Luis G. y su mujer, recién casados, emigraron a O Burgo. Allí podían comprar lo que buscaban. «Sin grandes lujos, tres habitaciones y dos plazas de garaje», resume. Y da el precio: hace cuatro años, 117.500 euros. Un sueldo aproximado de 700 euros por cabeza y algunos ahorros a costa de los de sus padres les abrieron las puertas a la hipoteca. Olvidaron contar con los gastos fijos de notaría, registro, impuestos y gestoría, que ascendieron a 12.000 euros. Y utilizaron el resto de sus ahorros para hacer frente a ellos. Ahora, con 500 euros de hipoteca al mes, viven ahogados. «Sin grandes gastos y con un ritmo de vida normal, llegas al límite a fin de mes», matiza Luis. Cuando se trabaja para malvivir A la hipoteca, se sumó en el caso de María S. una rehipoteca. Recurrió a ella para quedarse con su piso del Ventorrillo (78.200 euros hace 10 años) cuando se separó de su marido. En aquel momento trabajaba como administrativa con un sueldo de 781 euros y una carga hipotecaria de 400. El resto se le iba en recibos fijos. Cuando perdió el empleo subsitió -«malviví», matiza ella- con el paro. Ahora, su diplomatura en Graduado Social le ha abierto las puertas para trabajar en una panificadora. Le pagan por horas y mantiene el mínimo del subsidio. «Lo mío es un caso claro del que vive para pagar la hipoteca», explica. Y recuerda que el piso es su única carga hoy por hoy. Un sueldo para tres El marido de Carlota cobra 1.000 euros al mes. Ella dejó el trabajo para cuidar a su hijo. «Me salía más caro buscar a alguien que me lo atendiera que quedarme yo en casa y renunciar al sueldo», explica. Una suma rápida le lleva a contar cada mes 400 euros en recibos fijos que se van a los gastos de luz, agua, teléfono, seguro médico, comunidad, gas o mantenimiento del coche. Quedan 600, de los que 200 se destinan a alimentación, 20 a gastos farmacéuticos y una media de 40 mensuales en el vestuario del niño. «Sólo hace falta que un mes te llegue el seguro de la casa, la contribución o cualquier imprevisto para que nos quedemos en rojo», relata Carlota, que se queja sobre todo del escaso margen en los precios de la alimentación, sobre todo para un niño. «Mi madre me daba yogures normales pero ahora los pediatras recomiendan compuestos especiales. En el mejor de los casos, un pack de cuatro, que Pedro se ventila en dos días, cuesta 2 euros», explica. Así las cosas, comprar un piso les fue imposible. Viven de alquiler en Los Rosales. A las cuentas de Carlota hay que restar una renta -«tuvimos suerte»- de 150 euros.