«Hubo días que no pude atender a los clientes porque todo estaba lleno de heces de los gatos»
A CORUÑA CIUDAD
Vecinos de Os Mallos, en A Coruña, denuncian graves problemas de salubridad por una colonia de mininos en una parcela privada, que genera malos olores y suciedad
04 may 2026 . Actualizado a las 05:00 h.La colonia de gatos asilvestrados asentada en una parcela abandonada entre las calles Ramón Cabanillas, Sofía Casanova, Río Traba y Eugenio Carré Aldao, en el barrio de Os Mallos, se ha convertido en un foco de insalubridad que va más allá de la mera presencia de los animales. Los vecinos explican que el terreno donde habitan los mininos pertenece a una empresa con sede en Pontevedra que, por el momento, «no tiene interés en venderla o en edificar en ella». El inmueble, en estado ruinoso, tuvo que ser tapiado hace años para evitar la entrada de okupas. Aquella solución derivó, sin embargo, en otro problema: la aparición de una colonia de gatos que lleva instalada en la zona cerca de un lustro.
«En su momento se pidió al Ayuntamiento que interviniese para solucionar el problema. Nos dijeron que habían desparasitado y castrado a los animales, pero seguimos casi igual», relatan los vecinos. Aunque el número de ejemplares ha disminuido —«un residente llegó a contar más de veinte y ahora no llegan a media docena»—, las molestias persisten. «Siguen ahí, entrando en las casas próximas y generando un auténtico foco de insalubridad», añaden.
Inés García Troitiño, una de las residentes más afectadas, soporta a diario las consecuencias del gaterío. Su vivienda linda directamente con la parcela. «Antes desinfectaba continuamente con lejía, por la mañana y por la tarde, porque me llenaban el patio de meadas y excrementos. Ahora ya no lo hago tan a menudo, porque es agotador», explica con cierta resignación. Los animales le han secado plantas con los orines, tiene el capó del coche lleno de arañazos de las zarpas y tuvo que retirar todas las alfombras porque le entran en casa siempre que encuentran un resquicio en una puerta o ventana.
Con la fregona a cuestas
Lo peor es que también afecta a su actividad profesional. De hecho, con el despacho de abogada en el bajo de su vivienda, se vio obligada en más de una ocasión a interrumpir su trabajo. «Hubo días que no pude atender a los clientes porque estaba la entrada llena de porquería», asegura, mientras relata que tiene que limpiar con fregona todas las baldosas antes de cada visita para evitar situaciones «incómodas».
Restos orgánicos en la calle
Los vecinos explican que hay otro factor que agrava la situación, ya que la gente echa en la calle todo tipo de alimentos y desperdicios, incluso vísceras, para que los gatos coman. «Hay gente que les echa de comer cualquier cosa y en cualquier parte, por lo que el olor es insoportable, especialmente durante el verano», denuncian. En la calle han llegado a aparecer cabezas de pescado, restos de carne o comida en mal estado que, además de afectar a los gatos, genera vómitos y diarreas en los mininos que terminan limpiando los residentes. Además, esa acumulación de restos orgánicos atrae también a otros animales: ratas y gaviotas.
El secretario de la Asociación Veciñal Independente Os Mallos-Vioño, José L. Roble, calcula que la colonia se formó hace unos seis años, durante la pandemia, cuando la vivienda ya llevaba tiempo cerrada. Desde entonces, las quejas son continuas. «Mandamos varios recursos al Ayuntamiento y la respuesta siempre era la misma: que ya enviarían a alguien», relata. Cuando finalmente acudían técnicos, se encontraban con que no podía entrar en una propiedad privada. «Pero es que los gatos salen fuera, van por los tejados y entran en las viviendas», subraya.
«No están cuidados»
Roble indica que los vecinos de la calle Río Traba han echado a los gatos de sus casas más de una vez. «Uno apareció en el sofá, otro en la cama. Incluso una gata a punto de parir se metió dentro de una habitación buscando un sitio caliente», cuenta. En jardines particulares, los excrementos se acumulan entre pequeños huertos y zonas de uso diario, mientras los animales merodean por ventanas y cocinas en busca de comida. «Los animales no están cuidados. Ves algunos sin pelo, con problemas en la piel. Eso genera miedo, porque no sabes si pueden tener enfermedades o pulgas», indica.
Asegura que las actuaciones realizadas hasta ahora no han logrado erradicar la colonia porque, aunque desparasiten o castren algunos ejemplares, los devuelven después a este entorno. «Cuando se llevaron una gata quedó su camada sola. Yo misma vi cómo una gaviota cogió una cría, la elevó hacia lo alto y la dejó caer para matarla y comerla después. Los gatos aquí no están bien. Deberían trasladarlos a algún otro lado», explica Inés. «No se trata de eliminar a los animales, sino de gestionar la situación de forma que no suponga un problema para quienes vivimos aquí», añade Roble.
Control por una vecina
Desde el Ayuntamiento indicaron que se trata de «una colonia de gatos controlada» y que «una mujer responsable es quien la controla adecuadamente». Recordaron que en el 2025 el Ayuntamiento procedió a esterilizar 13 animales y que el problema es que «hay vecinos que decidieron darles de comer por su cuenta», tanto a los gatos como a las palomas, a pesar de que ya hay una advertencia para que no se les dé comida en la calle.