Retirado el carné a un chófer que condujo ebrio un bus escolar

Alberto Mahía A CORUÑA

A CORUÑA

Tuvo dos accidentes en diez minutos con el autocar lleno de niños El infractor alcanzó una tasa de alcohol en sangre de 0,96, cuatro veces más de lo permitido

04 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

La Audiencia Provincial dejó caer todo el peso de la ley sobre un conductor de bus que, en 1998, totalmente ebrio, tuvo dos accidentes en diez minutos y con el autocar lleno de niños. La condena es ejemplar: dos años sin carné y multa de seiscientos euros. No hay mayor pena para un profesional del transporte cazado en estado ebrio. Todo ocurrió el 29 de septiembre de 1998. Por la tarde. El conductor, antes de recoger a alumnos en un colegio de la ciudad, bebió más de la cuenta. Demasiado para llevar un autocar repleto de niños. Tanto, que a menos de dos kilómetros del centro escolar ya tuvo una primera colisión. Fue contra un edificio de la calle Darwin que hace esquina con la calle Facal, en Santa Cristina. Lejos de parar el vehículo, el infractor continuó la marcha, dejando a su espalda un buen número de testigos que gritaban que parara. No lo hizo. El Juzgado no acierta a la hora de encontrar un motivo, o bien lo hizo «por tener las facultades mermadas y no se enteró del golpe», o el comportamiento del conductor «no se ajusta a las reglas de conducta de un profesional». Alumnos sorprendidos Sea por lo que sea, lo cierto es que el hombre continuó la ruta, con los alumnos sorprendidos y asustados por la actitud del conductor. A los diez minutos, cuando circulaba por la avenida Francisco Herrera, en Oleiros, en una recta de doscientos metros, perdió el control del autobús, dio un bandazo a la derecha y colisionó contra un vehículo estacionado. Luego dio otro banzado a la izquierda, atravesó la calzada, invadió el carril contrario, rebasó la cuneta y colisionó con el muro de cierre de una finca. Y ni intentó detener el bus. Cuando lo hizo, no pudo. Prueba Apareció por allí la Policía Local de Oleiros e hizo lo posible para que el conductor se sometiese a la prueba de alcoholemia. Cuando la realizaron, el aparato registó 0,96 miligramos de alcohol por litro de aire espirado. Cinco veces más de lo permitido para un profesional del transporte de viajeros. En el hospital le detectaron una fuerte dependencia por el alcohol, hasta el punto de precisar tratamiento. La sentencia es dura con este conductor: «La repulsa social hacia conductas como la presente aumenta cuando esa persona se pone a conducir un vehículo de varias toneladas. Y merece un mayor reproche aquella persona que hace lo que hizo la juzgada, cuando ha sido depositaria de la confianza de los ciudadanos para que transporte sanos y salvos a sus hijos, a los que este hombre ha puesto en peligro».