PLAZA PÚBLICA | O |
25 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.CONSIDERADA como una pequeña catedral tanto por su belleza como por ser sede del abad, los canónigos y beneficiados que forman el cabildo, la Real e Insigne Colegiata de Santa María, es una joya del románico tardío. Los estudiosos de este templo de la Ciudad Vieja datan del siglo XII su primera existencia en la parte más prominente de la también conocida como Ciudad Alta. A partir del siglo XIII se desarrollan obras de ampliación y reforma que llegan incluso hasta nuestros días, tras sufrir sucesivas transformaciones en siglos posteriores. Posee tres naves con una sola cubierta y la fachada fue reformada desapareciendo los antiguos porches que estaban ciertamente deteriorados. Trabajos posteriores para ampliar esta iglesia fueron del arquitecto municipal Juan de Ciórraga. Hace casi cincuenta años los arquitectos Pons Sorolla, Menéndez Pidal y Arnau reconstruyeron las bóvedas. Desde 1980 y por el actual abad Rafael Taboada Vázquez se ha embellecido este viejo templo y anexo a él ha hecho posible la creación de un Museo de Arte Sacro (obra de Gallego Jorreto) con el valioso tesoro celosamente guardado a través de los siglos. Tuvo jurisdicción parroquial hasta el Concilio Vaticano II, en que pasó a la vecina de Santiago.