Nueve kilómetros de abrazo al mar

Rubén Ventureira A CORUÑA

A CORUÑA

FOTOS: KOPA

Los monumentos y los museos dan contenido al «mayor centro de salud de la ciudad» Los coruñeses han convertido el paseo marítimo en un pabellón de los deportes

22 mar 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

El paseo marítimo es un abrazo al mar. El abrazo de reconciliación entre la ciudad y la costa a la que vivió de espaldas durante décadas, como si tuviese hidrofobia. Por sus brazos de nueve kilómetros, que pronto se alargarán hasta los doce, bombea sangre coruñesa, la de los ciudadanos que lo recorren con paso más o menos acelerado, a elegir. El Ayuntamiento lo considera «el mayor centro de salud de A Coruña». Paseo marítimo por prescripción médica. Un rincón para el deporte, pesca con caña incluida. Pero no dejaría de ser una acera ancha muy apta para el ocio si no tuviese más argumento que unas vistas al mar. Así que las instituciones se han esforzado para dotarlo de contenido. El ejemplo más claro de este esfuerzo por revestir lo bello es el adecentamiento del entorno de la torre de Hércules. Había un faro milenario y en su entorno han florecido monumentos y senderos. La playa de As Lapas, hasta hace unos años regada por aguas fecales, vuelve a ser apta para el chapuzón. En otros casos se ha pasado de la nada al todo. Donde había una cetárea se levantó la Casa de los Peces, convertida ya en un símbolo de la resistencia al chapapote, en un resumen en vivo y en directo del ecosistema que el Prestige quiso asesinar. Donde había una cantera y un campito en el que se hacían sardiñadas en San Juan se ha erigido la Domus, referente arquitectónico. Un acierto la Casa del Hombre, como lo es, bajando a un nivel monumental más modesto, la fuente de los surfistas. El calado de una obra pública se mide por su capacidad popular para protagonizar postales turísticas. Y esta fuente de dinámico diseño ha alcanzado ese rango. Otro de los méritos del paseo marítimo es su capacidad para revalorizar el suelo con el que linda. En Orillamar se construyen ahora pisos de lujo porque esas vistas, antaño imposibles, hay que pagarlas caras. Puliendo la joya El Ayuntamiento deshizo e hizo para convertir el paseo marítimo en lo que es hoy. Pero no se duerme en los laureles. Sigue deshaciendo y haciendo. El mantenimiento de la joya de la corona vazquista es, en general, bueno. El tramo portuario de O Parrote es el que está mejor conservado, pero los demás superan la prueba del algodón. No hay relajación municipal. El Concello pule ahora su obra más emblemática para hacerle hueco al tranvía. El entrañable vehículo desata la histeria de algunos por su déficit económico, pero, como dice ese señor en chándal que pasea por As Lagoas, «fai bonito».