«Hola, buenas tardes. Perdonen, pero desde hoy se vuelve a pagar entrada», grita una chica tras el mostrador de la recepción del Acuario. Los dos matrimonios que entran tan campantes no es que se quieran colar. Es sólo que no saben que la sala Nautilus vuelve a navegar, que ya ha bajado el periscopio. Ha estado amarrada 77 días, desde el 24 de noviembre, y el de ayer fue el primero d.p , después del Prestige . «El tercer sábado del mes», le informa la chica de la entrada a un hombre que pregunta cuándo se puede ver peces gratis. «¡Mira, chapapote!», grita un niño. Tranquilidad, es sólo el de las fotos de la exposición. La del barco escupiendo fuel antes de morir ahogado, la de los voluntarios agotados, la de los marineros desesperados, la del Rey entre capachos, la del pájaro petroleado, la de las pescaderías sin pescado, la de Man. Los visitantes se detienen ante él. Silencio.Por el túnel, pasando por el gabinete del capitán Nemo, se llega al Nautilus. «No, aquí no está el submarino que tapa las grietas», corrige un padre a su hijo de camino a la sala. Allí, la palabra «mira» es la que más veces se escucha por minuto. «¡Mira, qué chulis!», «¡mira, un tiburón!», «¡mira, otro más!», «¡mira, qué gordo!». Por eso se cerró, porque el agua estaba turbia y no se podía mirar. «Fue una pena, pero ahora se ve perfectamente, está muy limpio», señala Ana. Ha venido con sus dos hijos, su marido, su hermana, su madre y su tía a ver corbinas, besugos, lubinas, rodaballos, abadejos, doncellas y peces ballesta. Y «tuburones», que son los que más le gustan a Sandra. Las estrellas del tanque Los hay tipo cazón, toro, musola y angelote y todos, junto con el mero Baldomero y el pez limón (ése tan gordo), son los más perseguidos por los niños. Por casi todos. «Que no hacen nada», le asegura una niña a su hermano pequeño. Por si acaso, y aunque haya un cristal de por medio, él prefiere apartarse de la piscina y verlos de lejos. Para Antonio y María es su segunda vez en el Acuario. Leyeron en el periódico que hoy podrían bajar a ver la sala Nautilus «y aquí estamos». «Que haya abierto significa que va a mejor. De momento en A Coruña las cosas no parecen tan graves, no van a peor», comenta Antonio. Prefiere ser optimista. Más que nada porque no ha vuelto a hacer pesca submarina desde que llegó la negra sombra. Un sueño Cerca de ellos, un grupo de gente mira hipnotizada el agua iluminada del tanque y a sus habitantes. «Esto es una divinidad, como un sueño», comenta una mujer. Son una familia de Vilalba y el Acuario les parece, en dos palabras, im presionante .