El ascensor de Meraya tiene quien lo cuide

Ana Lorenzo Fernández
Ana Lorenzo A CORUÑA

A CORUÑA

?Clínica loca». Eso es lo que se puede leer al entrar en la Casa del Mar de Mera, y la cosa no es para menos. En el mismo inmueble están ubicadas las sedes del Sergas, el Instituto Social de la Marina (ISM), la cofradía de pescadores, el club de pensionistas, una cafetería, una biblioteca y varias estancias de la Consellería de Asuntos Sociais y del Concello de Oleiros, donde habitualmente se celebran cursos organizados por las asociaciones vecinales. Ante tanta avalancha de servicios, el año pasado el Ayuntamiento, a través de una partida de la Diputación, decidió instalar un ascensor para facilitar el acceso a la primera planta. Las obras no supusieron demasiado transtorno para los usuarios del recinto pero, una vez colocado el elevador, llegaría el gran problema: ¿Quién iba a hacerse cargo de pagar los gastos de mantenimiento? La pregunta no era tan fácil de contestar, puesto que, tanto el ISM como el centro médico tenían sus dependencias en la planta baja del edificio y no necesitaban el ascensor, mientras que en el primer piso se ubican la sala de lectura, el bar y las aulas del Concello y de la Xunta. Así pues, la respuesta debería proceder del gobierno local o de la Consellería de Asuntos Sociais. Sin embargo, ninguno de los dos lo tenía demasiado claro y, entre que decidían de quién era competencia, ya ha transcurrido más de un año. Durante todo ese tiempo, el elevador nunca ha entrado en funcionamiento, lo que ha impedido que numerosos vecinos con problemas de movilidad no pudieran disfrutar de las actividades que tienen lugar en la parte superior del edificio. Solución Finalmente, parece que la duda ha sido resuelta, y el pasado fin de semana se informaba desde la Xunta que Asuntos Sociais se hará cargo del mantenimiento del ascensor, que esperan que pueda ponerse en funcionamiento en los próximos días. Sin embargo, los últimos cambios producidos en el gobierno gallego pueden retrasar todavía más la puesta de largo de este elevador, del que muchos vecinos ya pensaban que nunca verían en funcionamiento. Ya saben, eso de que «hasta que no lo veo no lo creo».