«Embusados» al vacío

S. Basterrechea A CORUÑA

A CORUÑA

CÉSAR QUIAN

Los estudiantes vuelven a quejarse de la masificación de los vehículos de Tranvías que llevan al campus en horas punta. Reclaman más autobuses en la línea

06 nov 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Dicen que los confunden con sardinas. En lata. Aseguran que ir o volver de clase es casi peor que coger un autobús en la India. Se preguntan si la compañía de Tranvías cree que cada parada es un nuevo reto del concurso ¿Qué apostamos? La eterna queja de los universitarios, pocos buses y todos demasiado llenos, resucita con cada comienzo de curso. Para comprobarlo, plaza de Pontevedra, 9.15 horas. El autocar llega cinco minutos después. Es un especial campus de Elviña. Una masa de estudiantes con carpetas, mochilas y walkman se agolpa ante sus puertas. «Pues en el de antes no veas los que subieron. Yo pasé de pillarlo», comenta una voz femenina entre la muchedumbre. Tarjetas bonobús Empieza a oírse la sinfonía de pitidos de las tarjetas bonobús, muy apreciadas por los universitarios. Al que hace el número 30 de los que quieren franquear el rodillo le suena un largo piii . Vuelve a meter la tarjeta, que le contesta con idéntico sonido. Aparecen caras de fastidio en la cola. Por fin arriba. El recuento, a ojo de buen cubero, indica que todos los asientos ya están ocupados y que otras veinte personas han perdido su silla. A las 9.25 el conductor arranca y enfila Juan Flórez. Primera parada y suben cinco más. En la segunda montan otros tres. En la última de la calle, antes del giro hacia Cuatro Caminos, media docena. Dentro del bus, más que quejas en voz alta lo que es más audible son los bostezos de los viajeros. Se habla, poco, de trabajo, de apuntes, del último fin de semana y de «ya llego tarde otra vez a clase». En Alfonso Molina, nueva parada. Con los diez jóvenes que se suben, se te viene a la mente el chiste de los elefantes en el seiscientos. El límite, según parece, está en uno justo antes de que sea imposible cerrar las puertas. Efecto «axe» Los viajeros tienden a apiñarse hacia el conductor. Es el efecto axe . El espacio no da para mucho más. «Es que meten al doble de gente, el día que pase algo...», comenta Alberto, de Empresariales, que antes caminaba para ir a clase a Riazor «y ahora me toca esto». Su compañero de viaje le apoya: «Que se corte el busero». El aludido pisa el freno. Final de trayecto. Ochenta elefantes bajan del seiscientos . Una alumna advierte del más difícil todavía: «A veces es peor a la vuelta».