Un hombre saca un cuchillo al empleado de una estación de servicios por no querer fiarle En otra ocasión, enseñó una pistola y llegó a tirar una escobilla a la cabeza de un trabajador
26 oct 2002 . Actualizado a las 07:00 h.A No era la primera vez que se olvidaba la billetera en casa, ni siquiera la segunda. Para los empleados de la gasolinera de Repsol, situada en la avenida de Fisterra, la visita de este moroso del gasoil era cita obligada una vez por semana, sobre todo por la noche, cuando el resto de surtidores de la zona echan el candado. Pasaban de las once del pasado miércoles, cuando este vecino de Penamoa aparcó su vehículo en la estación de servicio y pidió que le llenaran el depósito. El cliente comentó que en aquel momento no llevaba nada suelto, pero que ya volvería a pagar otro día. Pero el gasolinero, conocedor del currículum del hombre, se negó a tirar de la manguera del combustible y recomendó al conocido moroso que tomara las de Villadiego. Calabozo La contestación parece que no fue del agrado del conductor que, sin salir del vehículo, mostró al empleado de la estación un cuchillo de cocina con una hoja de unos veinte centímetros de largo. Puesto en conocimiento de la Guardia Civil, el hombre pasó dos días en el calabozo por un delito de amenazas. «Ésta no era la primera vez que venía. Pero antes siempre pedía pequeñas cantidades, 3 o 10 euros, y luego lo devolvía al día siguiente. Pero, últimamente estaba muy mal y no le fiábamos nada», comenta un empleado de la gasolinera, que confiesa que en una ocasión le enseñó una pistola, «no sé si era de mentira o de verdad», e incluso, «un día me tiró a la cabeza la escobilla que utilizamos para limpiar los parabrisas cuando me negué a servirle». Al hombre no le consta ninguna denuncia en el expediente por estas acciones, puesto que los trabajadores de la estación de servicios nunca quisieron llevarlo a los tribunales. «La verdad es que lo de poner denuncias por la gente que se va sin pagar es un rollo, porque luego tienes que ir a juicio, el cliente no aparece y acabas perdiendo el tiempo», comenta el gasolinero. A pesar del castigo que recibió el hombre y de la prohibición de acercarse a la estación de servicio, ayer no le quedó más remedio que volver a la gasolinera: su vehículo se había quedado sin combustible. Acompañado de un amigo y con una bolsa en la mano, pidió amablemente que se la llenaran de gasoil y, esta vez, no le quedó más remedio que echar mano de la cartera.