PLAZA PÚBLICA
18 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.PARA comprender la palabreja casi es mejor acudir a su antónimo, aunque siempre sea algo enimágtico, misterioso e indescifrable. De todo, menos claro. Cuando se habla de verdades o razones inescrutables no sé por qué me suena a lenguaje eclesiástico. Quizás esta semana más, pues transcurre entre la romería de la Virgen de la Barca y el Nazareno de Puebla del Caramiñal, las referencias más añoradas de cultos y fiestas en mi niñez y juventud. Muchos lectores de La Voz habrán disfrutado del buen reportaje de Ana Fernández sobre la emotiva despedida de un párroco de Escarabote por traslado forzoso a Moaña. Entre los demorados esfuerzos de 2.500 vecinos que adoran al cura Rey -de apellido-, hasta el punto de que alguno lo considera como una xoia de persona. El obispado tiene «sus razones», y a callar; como antes, en los tiempos de montar se decía a la caballería. Desde luego, si el traslado pretendía levantar el fervor popular hacia lo eclesiástico lo ha logrado en favor del párroco. Un diez, «un triunfo total y rotundo»; pero, si no se trataba de ello, un cero, «un fracaso total y rotundo». Me temo que sean razones inescrutables, que no tengamos por qué conocer.