«Nunca tuve que sacar la pistola»

La Voz

A CORUÑA

ESTUDIOS BLANCO

FRANCISCO CASTIÑEIRA LA ENTREVISTA José Aldea Figueiredo, brigada de la Guardia Civil que el viernes recibirá un homenaje popular En la víspera de San Valentín pasó a la reserva activa después de 31 años de servicios y el próximo viernes recibirá un homenaje popular. José Aldea Figueiredo ha sido en los últimos 21 meses el comandante del puesto de la Guardia Civil de Betanzos, adonde llegó después de haber estado en otra docena de destinos. Este «trotamundos» dice que jamás temió por su vida, aunque en Tolosa vio «varios compañeros muertos» y más de una vez salió a «dar leña» a grupos de violentos que se manifestaban en favor de ETA.

18 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

José Aldea volvería a ser Guardia Civil, pero «ahora mismo tenía muchas ganas de descansar», aclara. -Llama la atención que haya tenido tantos destinos... -En mi familia creyeron en algún momento que era por capricho, pero la verdad es que la mayor parte de los traslados fueron obligados, por motivo de ascensos. -¿El de Betanzos también? -No, lo pedí por su proximidad a A Coruña. Allí tengo mi residencia y Betanzos me resultaba cómodo. Además es un lugar muy bonito. -¿De dónde lleva sus peores recuerdos? -De Tolosa. Estuve un año, a finales de los 70, y fue terrible. Vi morir a varios compañeros; lo pasé muy mal. Teníamos que ir a manifestaciones a dar leña. Eran grupos de violentos que había que reprimir. Íbamos preparados con bolas de goma, botes de humo... -Y pistola... -Nunca tuve que sacar la pistola. Siempre traté de enfrentarme a cada situación hablando con la gente y las cosas me salieron bien. -¿Recibió amenazas alguna vez? -No, pero a mi mujer, en Navarra, le tienen preguntado en la panadería si quería pan vasco o español y cosas por el estilo. -Algo bueno se traería de Tolosa. -Claro que sí. Allí tengo muchos amigos, a pesar de que casi no podías estar en contacto con el pueblo. Cuando encontraba a un amigo por la calle no hablaba con él para no comprometerlo. -¿Su mejor destino? -Los que tuve en A Coruña. Estuve seis años en la prisión provincial. Cumples un horario y no tienes que luchar contra nadie. El trabajo resulta más tranquilo y llevadero que cuando tienes que patrullar por la calle. -Me imagino que de patear sabrá bastante. -Algo sí, especialmente de mi primer destino, que fue A Pobra do Caramiñal. Allí permanecí desde el año 71 al 74 y había mucho que patear, en el sentido literal, porque patrullábamos a pie. La costa es realmente muy dura, sobre todo en invierno. -Entonces aún vivía Franco y el tricornio era de uso corriente. -Efectivamente, pero ni una cosa ni la otra te evitaba largas caminatas para hacer cualquier diligencia. -¿Cómo le ha ido la vida en los últimos 21 meses? -La verdad es que muy bien. Han sido casi dos años en los que conocí a mucha gente e hice buenos amigos, no sólo en Betanzos, sino también en Oza dos Ríos, Coirós, Paderne... -Vamos, que eligió bien para poder retirarse con cierto relax. -Ya quisiera poder relajarme. No, no es posible. No, en Betanzos. Es una zona de mucho trabajo. Pero ha sido una buena experiencia. Y volverá a todas las ferias a tomar el pulpo, porque son especiales, como sus fiestas y sus típicas bodegas.