Un vidente que canonizó a Franco

La Voz

A CORUÑA

EDUARDO ABAD

Todo comenzó el 30 de marzo de 1968 cuando unas niñas de la localidad de El Palmar de Troya, a cuarenta kilómetros de Sevilla, afirmaron que habían visto a la Virgen. Poco después, Clemente Domínguez y Manuel Alonso del Corral, empleados administrativos en la Obra de San Juan de Dios, se declararon videntes. Clemente dijo que, a través de sus estigmas, había manado quince litros de sangre. El 15 de mayo de 1970 cuarenta mil personas asistieron a una nueva aparición, que los periodistas presentes no vieron por ninguna parte. En 1972 recibió un donativo de diciséis millones de una anciana baronesa y compró la finca La Alcaparra, lugar de las peregrinaciones. En enero de 1976, Clemente y su compañero Alonso, junto a otros miembros de la Hermandad, fueron ordenados por Ngo Dinh Thuc, un pintoresco prelado vietnamita exiliado. Clemente y los suyos fueron encarcelados por llevar hábitos sin autorización (también creó una rama femenina de la Orden) y al poco de salir de la cárcel tuvo la desgracia de quedar ciego a causa de un accidente de tráfico. En 1978, Clemente se autoproclamó papa, con el nombre de Gregorio XVII. Entre sus primeras medidas (aparte de nombrar a veinticuatro cardenales), canonizó a Francisco Franco. En su espectacular templo de El Palmar, donde se invirtieron tres millones de euros (500 millones de pesetas), seguía ordenando y canonizando santos.