ÁNGEL PADÍN PLAZA PÚBLICA
06 dic 2001 . Actualizado a las 06:00 h.No faltan muchos días para ese día grande de los niños que responde al nombre de adoración de los Magos o día de Reyes. Pero un colectivo coruñés formado por jóvenes de más allá de Pedrafita (excepto por uno), y que forman una sociedad de futbolistas con el nombre del Real Club Deportivo de La Coruña se ha dedicado desde hace algunas semanas a repartir satisfacciones y bienestar por toda la península e islas adyacentes y, en último término, a los alemanes, muy necesitados de apoyo moral tras perder dos guerras y sufrir las inclemencias del tiempo. Con permiso del responsable de los deportes, dedico la columna al grupo de futbolistas aludido porque me he quedado, aparte de desasosegado por las sucesivas derrotas, muy impresionado por las expresiones de alegría y fiesta que reparte pródigamente. Este Deportivo de nuestros amores y de nuestros dolores llega un día a Santa Cruz de Tenerife a jugar un partido y, al final del mismo, las cámaras de TV enfocan a miles de personas aplaudiendo, ondeando al viento sus pañuelos y haciendo incluso la famosa ola mexicana. ¿Puede existir más contento que esta actitud multitudinaria? A los 15 días se enfrenta el conjunto coruñés al tercer primera madrileño, el Rayo de Ruiz Mateos, y vuelven a repetirse las mismas gratificantes escenas: alegría por doquier, intercambio de camisetas, besos, abrazos y demás. ¿Hay algo que pueda superar a proporcionar ser feliz a un humano? Otro día regresan a nuevas islas, las Baleares, y aquello es ya la felicidad suma: hasta había hombres, mujeres y niños que lloraban extasiados. ¿Y quién hacía posible estas risas, sonrisas y lágrimas? Pues nuestro admirado club. Se repiten fuera otras dos jornadas. Una en la hermosa Barcelona y en su estadio Olímpico, y el fasto inunda los graderíos. Culpable: el Deportivo. Y como guinda vemos, esta misma semana, como los fríos alemanes cantan, levantan sus brazos, aplauden, se sienten seres tocados por el espíritu del bien eterno. Observará el lector que no hay ánimo alguno de arremeter contra personas que ejercen una honorable profesión. Sólo reprocharles que esa felicidad no la extiendan a tantos y tantos miles de seguidores coruñeses y gallegos que, en lugar de pensar en los Reyes Magos, sufren las debilidades de sus ídolos. En resumen, hacer la ola en Riazor, y no en Tenerife, Mallorca, Madrid, Barcelona o en la capital de la aspirina. Dicho sea, con todo respeto y consideración. redac@lavoz.com