RUBÉN VENTUREIRA SIN ALIENTO
04 ago 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Llevo desde los ochenta persiguiendo una luz, persiguiendo una sombra. La suya. Es el chico de mi recreo. En mi desordenada habitación suena su ordenada música, en la que cada nota ha sido calibrada en la balanza emocional. El sí que desnuda el alma al aire, y no otro vendemotos que anda por ahí bañado en millones. Mientras, Antonio Vega vive de la Sociedad General de Autores. Vive de rentas y sigue siendo el mejor compositor de pop en español. Pasmoso. Lean esto: «Para morir viví, muero por estar vivo». Lo grita en su último disco, parido este año. Y hay más: Seda y hierro (versión acústica) es una de las mejores declaraciones de amor jamás cantadas en cervantino. Un maldito, a su pesar, es Antonio. Sus vicios han amamantado su leyenda negra. «Ay pena, penita, pena, que me corre por las venas», cantaba en el disco Tatuaje. Asegura que se ha descabalgado del caballo blanco. No quiere pasar a la historia como ese chico triste y solitario. Llega limpio el que un día tocó sólo para Dalí y mañana la hará para A Coruña. En una playa, la Malvarrosa, compuso Chica de ayer; en una playa, el Orzán, hará mañana malabares con almas ajenas. Déjense acunar. Pondrá Antonio la banda sonora a las olas. Que el viento no arrastre jamás su perfil de papel, su cuerpo de seda. Mi cuerpo me pide verlo mañana. Es una cuestión química y la química, lo susurra Antonio, es un placer. rventureira.redaccion@lavoz.com