SANTA CRISTINA

La Voz

A CORUÑA

PACHO RODRÍGUEZ MI CALLE

03 may 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

La calle sin gente es insípida como un terrón de asfalto. La avenida de Santa Cristina se llena de caras pares e impares en la recta final que lleva a la playa. La rúa mete un pie en la arena y se acaba. Oleiros es una mirada alargada al mar. Huele a sal en la rotonda. A su lado, en el bar, la camarera me sirve con paciencia un desayuno con diamantes. Estudia INEF en Bastiagueiro, que es la carrera que más se entrena por aquí. El café, en taza grande, no muy cargado, no muy caliente, tampoco frío, sin churros, sabe así, a todo eso. La camarera acepta la petición y la complace. Se llamará Cristina y será un santa. Las caras de Santa Cristina pueblan las aceras con bolsas de compra y de viaje. Pronto habrá toallas en sus hombros y la calle se convertirá en vía de dirección única al mar. En la cocina de O Rincón do Mariñeiro se inicia la liturgia del placer. El turista comerá pulpo junto al marinero que degusta su jubilación involuntaria mirando al mar en la taza de ribeiro. Mientras lee las noticias del Dépor, lamenta no poder ganar la Champions, pero le lleva ganando casi sesenta ligas consecutivas a la vida. Llegó la noche. Dos jóvenes, sentados en el muro de la playa, se juran amor eterno. De aquí a la rotonda. prodriguez.redaccion@lavoz.com