Más de 200 estudiantes viajan en ferrocarril de A Coruña a Santiago invitados por Renfe y Caixanova Más de doscientos niños y niñas de entre 5 y 8 años de edad vivieron ayer una de las jornadas más felices de su corta infancia. El «Tren Caixanova», una iniciativa puesta en marcha por la entidad financiera y Renfe, les ofrecía a muchos de ellos la posibilidad de descubrir por primera vez al «caballo de hierro». Silenciosos, casi mudos, a las diez de la mañana esperaban ansiosos la salida del andén. «Yo ya subí muchas veces, por lo menos nueve», presumía Natalia, del colegio Karbo, para dar ánimos a sus «compis».
21 mar 2001 . Actualizado a las 06:00 h.El destino final para los amigos de Natalia y los alumnos de los colegios Cid y Ramón de la Sagra, además de los del de Nosa Señora do Carmen, de Fisterra, era Santiago. Los poco más de sesenta minutos de duración del trayecto fueron una aventura inolvidable para los más pequeños. Dos payasos inagotables, Rasty y Lolo, auxiliados por dos voluntariosas y siempre sonrientes azafatas, amenizaron el viaje de ida con bromas. «Nos ven como personajes de ficción. Ven un payaso y se creen que estamos en la tele. Es bonito verlos sonreír», recita casi de carrerilla Rasty, oculto bajo una espesa capa de maquillaje mientras Lolo, con una escandalosa peluca roja, lidia en solitario con los incansables infantes. Hasta la cabina del maquinista se convierte en improvisado templo de veneración. Una de las profesoras -«soy hija de ferroviario», advierte- pide permiso y por parejas conduce a sus discípulos al puesto de mando. «¿Dónde está el volante?», inquiere. La pregunta obtiene toda clase de respuestas equívocas. «No, hombre, nos lleva la vía. No hace falta ningún volante», desvela entonces la profesora con una ligera sonrisa y el guiño cómplice del maquinista. En Santiago, el mal tiempo obliga a los payasos a improvisar un escenario. El pequeño vestíbulo de la estación compostelana por el que cada año pasan 1.700.000 viajeros es tomado al asalto por los peques procedentes de A Coruña. El duro y frío suelo se convierte en una platea repleta de niños ansiosos a los que Lolo y Rasty cautivan con el relato del cuento Ana y el tren, la historia de una chica apasionada por el ferrocarril. A mediodía, los excursionistas recuperan su puesto en el tren. Un zumo de naranja, un bollycao, la versión escrita de Ana y el tren y un juego sobre el ferrocarril entretienen el regreso. «Queremos volver pronto», protestan casi todos a una cuando llega la hora de apearse en San Cristóbal.