Una ciudad identificada con la paz

REDACCIÓN A CORUÑA

A CORUÑA

XOSÉ CASTRO / PACHO RODRÍGUEZ

Colegios, instituciones públicas y privadas y partidos políticos se volcaron en la celebración del día mundial de la no violencia La paz fue protagonista por unas horas de la vida de todos los coruñeses. Los más pequeños se encargaron de llenar de luz y dibujos toda la ciudad desde primera hora de la mañana. Los mayores se volcaron en actos públicos y privados, lecturas de textos, ruegos y hasta alguna plegaria. Incluso el silencio se alió con quienes pedían paz y tranquilidad. Es el caso, por ejemplo, de Ana Crespo, portavoz del Partido Popular en Ermua que tuvo que dejar su casa, su ciudad y sus amigos para conservar la vida. Con la voz quebrada por la emoción, sólo fue capaz de emitir un ruego, casi una súplica: «La paz se alcanza con el apoyo de todos».

30 ene 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

Ana estuvo respaldada por más de una treintena de afiliados en el salón de actos de la agrupación. La presidenta local, Belén do Campo, se unió a las peticiones de su compañera de filas con una de las frases más conocidas del Mahatma Gandhi. «No hay caminos para la paz. Ése es el camino», recitaba mientras aplicaba el discurso «no sólo al terrorismo, sino también a cualquier tipo de violencia, como por ejemplo la doméstica». Los alumnos de la guardería Os Pequerrechos construyeron bajo los soportales de María Pita una leyenda con la palabra paz como epicentro; los de Cristo Rey soltaron globos y palomas; en Monte Alto se plantó un olivo; y en la escuela infantil Carricanta se plasmaron en un pequeño libro una serie de planes alternativos para promover el sentimiento pacifista en los pequeños. La solidaridad fue otro de los conceptos más repetidos. Así, en el Pardo Bazán, se abrió hasta un rastrillo benéfico para las víctimas de los terremotos de El Salvador y la India. También en el área metropolitana se registraron actos similares. En Culleredo, por ejemplo, un cuentacuentos informó animadamente a los más pequeños. Mientras, en el pabellón de Tarrío, otro grupo de niños aplicaba en juegos lo aprendido en clase.